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Fracaso del sabotaje del Gobierno de Marruecos al "día de la dignidad"

Pese a los sabotajes del Gobierno, la marcha que ha recorrido Rabat ha contado con miles de personas y se ha desarrollado en un ambiente festivo.

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Pese a los sabotajes del Gobierno, la marcha que ha recorrido Rabat ha contado con miles de personas y se ha desarrollado en un ambiente festivo.

La marcha del "día de la dignidad" se ha iniciado este domingo en las calles de Rabat entre unas fuertes medidas de seguridd y un gran despliegue policial debido al temor de las autoridades. Hasta el momento la marcha a la que han acudido cientos de manifestantes se ha iniciado de manera pacífica aunque su objetivo es avanzar hasta el Parlamento.

Entre las consignas cantadas por los manifestantes marroquíes destacan: "Justicia y solidaridad nos llevarán hasta la libertad" y "dictadores todos derrocados".

En la plaza donde se concentraban se han producido ya algunos altercados después de que llegaran al lugar partidarios del régimen con pancartas favorables al Gobierno. Sin embargo, no se han producido cargas policiales.

El Gobierno marroquí ha intentado sabotear la concentración e informó de que había sido suspendido para que así acudiera muchísima menos gente. Más de 10.000 personas han acudido, 6.000 para la Policía. Finalmente pudieron llegar hasta el Parlamento pese a las amenazas y allí pidieron la derogación del artículo 19 que da todo el poder al rey Mohamed VI. Igualmente, han exigido una monarquía parlamentaria

Histórica manifestación

Más de treinta asociaciones concurren juntas al que ya se ha bautizado como "el día de la dignidad" de Marruecos, una gran manifestación que a escasas horas de comenzar, aún resulta toda una incógnita. ¿Acudirán las 22.000 personas que se han unido a la concentración en Facebook? Nadie se atreve a dar cifras.

Mientras los organizadores iniciales -el Movimiento del 20 de Febrero- apelan a la prudencia y ultiman los llamamientos, el aparato propagandístico de Rabat se ha desplegado con toda la virulencia contra ellos. Primero, comenzaron las detenciones arbitrarias de las cabezas visibles de la organización, y más tarde los hackeos a sus cuentas en las redes sociales. Fingiendo ser ellos, difundieron la noticia falsa de anulación de las protestas, por divergencias entre los grupos que se habían adherido. Las agencias de noticias oficiales como map, RTM y Medi1 se hacían eco de ello, y difundían indiscriminadamente la noticia falsa.

Y algo hay que reconocerle al régimen: el tiro fue certero. Apuntó directamente al talón de Aquiles de las protestas: su dispersión. Conciliar posturas tan antagónicas como las que representan las diversas asociaciones que se han sumado a la convocatoria -desde islamistas, hasta izquierda laica y ONG- está suponiendo la mayor debilidad del conglomerado. El movimiento original, formado fundamentalmente por jóvenes ciberactivistas, convocó la protesta al calor de lo ocurrido en Túnez y Egipto, buscando el derrocamiento de Mohamed VI. Pero hace días que ya nadie hablaba de eso. La realidad se impuso, y pronto rebajaron el tono, conscientes de que necesitaban una postura mucho más moderada si pretendían erigirse en altavoces del malestar marroquí. Mohamed VI aún cuenta con un respaldo fundamental entre una gran mayoría de la población, que centra su descontento en el primer ministro Abbas El Fassi, las corruptelas del gobierno y las sangrantes cifras de paro que les asfixian.

Por ello, en las máximas de la manifestación que expusieron en el exitoso vídeo de llamamiento, desaparecieron los exhortos al derribo de la monarquía. La figura del rey se torna tan inamovible como los retratos que vigilan desde cada uno de los edificios de Rabat.

Pero la tensión en Rabat y las principales ciudades es más que evidente. La gente no quiere hablar, y si les preguntan señalan con nerviosismo la imagen de Mohamed VI, imprecando silencio. Las noticias de estos días han contribuido a esa sensación de malestar y de temor hacia lo que pueda ocurrir hoy. La consiga era ningunear las protestas, y todo ha valido: desde tildarlas de "minoritarias" reduciéndolas a grupúsculos antisistema o espías extranjero, hasta manipular sus demandas, asegurando que buscan fundar "otro Argel".

Salvo los jóvenes. En ellos se detecta un espíritu indisimulable, un ansia de renovación. Sus guiños son amables, cómplices con quien viene de fuera a narrar lo que ocurre. "Queremos que todo salga bien, queremos una democracia de verdad" susurra un empleado de trenes, que apenas supera la veintena. Pero el gesto se ensombrece, al preguntar si serán el siguiente Egipto. En sus ojos se trasluce el ansia, pero las esperanzas son más bien sombrías: "Aquí es distinto" farfullan contrariados.

Los transeúntes miran con mezcla de curiosidad y alegría a los coches que tocan el claxon y hacen llamamientos para que la del 20 de Febrero sea una marcha multitudiaria. Los 15 días que llevan preparándola han sido intensos para todos, ya que la mayoría de los organizadores han llegado a sufrir amenazas de muerte. La aportación de las redes sociales ha sido fundamental, pero también las pequeñas reuniones en los cafés, para explicar los fines perseguidos. Aunque aproximadamente un 45% de los marroquíes tiene acceso a internet, sigue siendo insufiente. El movimiento comenzó en la red, pero si quería prosperar tenía que desvirtualizarse. En este contexto se entiende el efectivo llamamiento oficial a través de Youtube, que apela a cuestiones pedestres y concretas para concienciar a los ciudadanos de a pie de que otro Marruecos es posible.

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