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Artur Mas, a Rajoy: "Sabe que hay líneas rojas y que es mejor no pisarlas"

Se abordó la crisis, pero también la agenda catalana: autodeterminación y política fiscal. Rajoy no entró al ruedo, aunque Mas lanzó varias amenazas.

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Fue un escarceo, sí, pero que se puede tornar en romance o en rotundo fracaso dependiendo de cómo evolucione la denominada agenda catalana. El primer encuentro de Mariano Rajoy, ya como presidente del Gobierno, con Artur Mas se saldó con tablas. Habrá un primer respaldo de CiU a las medidas que vaya aprobando el Ejecutivo, si bien no será a cambio de nada. Finalmente, más de una hora y medio de reunión, muy cordial, en la que no se abordó el espinoso asunto de la libertad lingüística, aunque la Generalidad defiende su modelo.

Mas llegaba al recinto de La Moncloa puntual, pasadas las cuatro de la tarde, y el anfitrión no dudó en bajar las escaleras para recibirle. Primer gesto al que siguió un apretón de manos entre las banderas española y catalana y un secreto a voces, captado por un micrófono indiscreto: “Vivo en el lío”, se le escapa a Rajoy.

Ya en la intimidad del despacho del presidente, el jefe del Gobierno catalán separó en tres bloques su exposición. En las dos primeras, economía y políticas de austeridad, hubo coincidencia casi plena. En el tercero, el de la “agenda catalana”, lo que hizo Rajoy fue escuchar y, al estilo más mariano, no pronunciarse. Pero en este último aspecto -“Tan importante como lo demás, como mínimo”, en palabras de Mas- el invitado supeditó buena parte del clima de cordialidad hoy reinante.

“Sabía que no resolvería temas concretos. Quiero dar algo de tiempo al Gobierno para que Rajoy vaya tomando cuerpo en el transcurso del 2012 y la legislatura”, expuso Mas, en una abarrotada comparecencia al término de la reunión. A Rajoy le transmitió que “hay deudas pendientes”. “Se nos debe dinero y un Gobierno serio es el que paga las deudas”, le dijo, según su propia transcripción. Echó las culpas a José Luis Rodríguez Zapatero, pero le reclamó los euros a Rajoy: “Esto tiene que ir a misa”.

Además, estuvieron las cosas que “no valen dinero”, y aquí entró la autodeterminación y, en especial, el denominado pacto fiscal. “Este es el fondo, para nosotros es fundamental”, aseguró, adelantándose a quienes digan “esos catalanes, qué pesados que son”. E incluyó una amenaza, aunque después quisiera matizar: “Podemos puntualmente colaborar con las reformas”, pero siempre en función de “la relación entre Cataluña y el Estado, y Cataluña y el resto de España”.

“Este año va a ser decisivo”, sentenció, insistiendo una y otra vez en que -en caso de no llegar a un acuerdo- CiU ya tiene mayoría para sacar adelante el acuerdo fiscal en el Parlamento autonómico. “Cada uno a su camino, a sus derroteros. Cada uno como vea mejor”, incidió. Lo que sí que aseguró es que no metería presión al principio, ya que es consciente de que no es la prioridad de Rajoy. “Es una corriente de fondo, pero espero tener más luz que oscuridad”.

La política lingüística de la Generalidad

De lo que no se habló fue de la imposibilidad de una libertad lingüística real en Cataluña. Rajoy no lo planteó, pese al compromiso del Gobierno en la víspera, y Mas no sacó pecho por  ello. Sin embargo, a preguntas de los periodistas, el gobernante catalán tuvo que retratarse: “Yo casi no me doy por aludido” porque “en Cataluña ya hay libertad”, aseguró, obviando las denuncias que no cesan. “Los chicos y chicas superan las pruebas de catalán y castellano y, encima, sacan las mismas notas que andaluces, gallegos o asturianos”, remató.

Ahora bien, en una segunda amenaza clara, puso encima de la mesa todo un aviso a navegantes: “Él sabe, por muchos mensajes, que hay líneas rojas y que es mejor no pisarlas mucho”. E incluyó, en este órdago sin ambigüedades, el modelo educativo regional, “porque si se quiere cambiar, ahí está la línea”.

Dicho lo cual, el presidente autonómico se escudó en que no fue una polémica plateada en el tú a tú para llamar a no entrar “en problemas muy resbaladizos” y que, en su opinión, no forman parte de la agenda. Lo que sí es relevante, a sus ojos, es que no se olvide la hoja de ruta de la Generalidad, e insistió, de forma más clara aún, en la advertencia inicial: “Lo que hagamos en 2012 -como ayudar a que salgan adelante las reformas- no tiene por qué repetirse en años posteriores”.

“Hay urgencias”, admitió, y de ahí que la mano esté abierta. Ahora bien, “si todos los temas de fondo, la agenda catalana, queda parada, lo que haga en 2012 -CiU- no tiene por qué ser para siempre”. Broche final para desmentir que “el roce hace el cariño” como dice el refranero: “Estamos en el momento ese del escarceo. Estamos empezando. Vamos a ver”, concluyó. Moncloa se queda con lo positivo, aunque sea a corto plazo: “Lo primero es la economía y después el resto”. Y, en este sentido, resaltó que Rajoy no se comprometió a nada, tan en su estilo.

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