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El verdadero rostro de ETA

El secuestro de Miguel Ángel Blanco mostró la verdadera cara de ETA. Verdadera memoria histórica ahora que se aboga por el olvido del mal causado.

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El secuestro de Miguel Ángel Blanco mostró la verdadera cara de ETA. Verdadera memoria histórica ahora que se aboga por el olvido del mal causado.

Ahora que se ha consumado la legalización del brazo político de ETA permitiendo que los herederos de la banda accedan a las instituciones olvidando el mal causado y abogando porque no haya ni vencedores ni vencidos cabe recordar la que ha sido siempre la verdadera cara de ETA. Y nada mejor que recordar el brutal e inhumano crimen contra un joven de 29 años natural de la localidad de Ermua.

Miguel Ángel Blanco fue secuestrado tan sólo nueve días después de que la Guardia Civil consiguiera liberar al funcionario de prisiones, José Antonio Ortega Lara. Esto fue el 10 de julio de 1997. Sin embargo, esta no fue la primera vez que Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, e Irantzu Gallastegui, Amaia intentaron secuestrar al joven concejal del PP en Ermua.

De hecho, un día antes, el 9 de julio, los dos etarras intentaron localizar al edil durante el trayecto en el que normalmente volvía a su casa desde el trabajo. Pero no pudieron porque ese día Blanco no fue en tren, tal y como era su costumbre, sino que viajó en el coche de su padre.

Pero el día 10 sobre las 16:00 horas los terroristas abordaron al concejal cuando salía de la estación de tren. Amaia lo asaltó y lo introdujo en el coche que lo llevó a un lugar alejado que fue donde vivió su cautiverio hasta que fue asesinado. Durante las 48 horas que permaneció secuestrado estuvo en todo momento maniatado.

El día 12 de julio y después de que el Gobierno no cediese al chantaje de ETA, García Gaztelu, Gallastegui y José Luis Geresta introdujeron a Miguel Ángel Blanco en el maletero de un coche y fueron a una zona despoblada de Lasarte. En ese lugar, mientras dos de los etarras le sujetaban, Txapote le disparó dos veces en la cabeza con una Beretta del calibre 22 Long Rifle. El segundo disparo le causó heridas mortales.

Allí dejaron el cuerpo aún con vida. Fue a las 16:40 cuando dos personas que paseaban por este paraje hallaron el cuerpo del concejal popular maniatado y boca abajo. Aún con vida llegó al hospital Nuestra Señora de Aránzazu en San Sebastián, donde fallecería horas después.

Txapote fue detenido el 22 de febrero en 2001 en Francia y en diciembre de 2005 fue extraditado a España para que fuera juzgado por el asesinato de Blanco. El juicio estuvo marcado por la actitud desafiante del terrorista y de su pareja Amaia.

En la Audiencia Nacional se vivieron momentos de gran tensión cuando ambos etarras se reían constantemente y miraban de manera burlona a la familia del concejal. Esto provocó la respuesta de los más allegados de Blanco, que respondieron a los dos terroristas hasta que fueron expulsados de la sala.

Finalmente, la Audiencia condenó a 50 años de cárcel a Txapote y a Amaia como autores del secuestro y posterior asesinato del concejal del PP. Además, en la sentencia se prohibió a la pareja de etarras acercarse a la localidad de Ermua durante los cinco años posteriores a su excarcelación.

"Resulta difícil pensar en una muerte más alevosa que la ocasionada a una víctima que, tras más de 24 horas de doloroso cautiverio, se encuentra de espaldas, sujeta por uno de los miembros del comando, con las manos atadas, y a la que inopinadamente se le propinan dos disparos de arma de fuego en la cabeza", señalaba la sentencia.

Además, afirmaba que Miguel Ángel Blanco "fue utilizado como instrumento de una exigencia dirigida al Gobierno de la Nación a través del chantaje y la extorsión como medios para alcanzar sus objetivos con el más absoluto desprecio al derecho a la vida y al sistema constitucional".

Así continuaba la sentencia: "Es perfectamente imaginable el sufrimiento padecido por la víctima durante el cautiverio, conociendo, como seguramente conocía, el breve plazo dado para su ejecución y las exigencias absolutamente inasumibles que la organización terrorista había impuesto para su liberación, la cual por otro lado era ajena a la voluntad de la víctima o de su círculo más cercano".

El tribunal también resaltó el "significativo silencio" de los dos etarras como "un elemento más de corroboración" de su pertenencia a ETA. Además, recordaba que se reafirmaron en su pertenencia a ETA anunciando "su intención de continuar en la lucha por la liberación de Euskadi".

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