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Rajoy busca ayuda urgente porque "no podremos financiarnos" en días

Ya sólo queda una esperanza: "En los próximos días habrá algo". Sea el BCE, sea un mensaje de apoyo al euro. "El problema no son las reformas".

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Ya sólo queda una esperanza: "En los próximos días habrá algo". Sea el BCE, sea un mensaje de apoyo al euro. "El problema no son las reformas".
Mariano Rajoy, junto a los deportistas españoles | Diego Crespo

El Gobierno ya no disimula: "No podemos financiarnos mucho tiempo así". No se da un plazo concreto para el colapso, pero desliza que no hablamos de meses, sino de días. Se aferra a una idea por encima de cualquier otra: "En los próximos días habrá algo". Y a estas alturas de desesperación real -"la situación está bien jodida", coincidieron dos asesores- cualquier cosa vale. La prioritaria sigue siendo que el Banco Central Europeo inyecte liquidez y solucione el oscuro horizonte a medio plazo, pero desde Moncloa se vislumbraron otras opciones: un nuevo mensaje de que el euro es irreductible o una fuerte alianza con Italia para que los socios sean conscientes de que sin ellos -dos de las cuatro grandes potencias del conjunto- no hay futuro posible. Si nada sirve, habrá rescate.

Con el bono español a diez años por encima del 7% y la prima de riesgo superando los 600 puntos -este lunes cerró en más de 630-, el Ejecutivo mantuvo a todos los niveles contactos con los aliados internacionales para alejar precisamente el fantasma de la intervención total. La Oficina Económica y también la de Exteriores mantuvieron despachos telefónicos con Washington, Berlín o París mientras que el secretario de Estado para la Unión Europea, Íñigo Méndez de Vigo, se desplazó a Bruselas para exponer a la bravas que España se acerca peligrosamente al precipicio.

La cita más importante se espera este martes, cuando Luis de Guindos se entreviste en Frankfurt con su homólogo alemán, Wolfgang Schauble. Una reunión programada con anterioridad, pero a la que el Gobierno le da ahora máxima relevancia. "Alemania no es el enemigo, este fin de semana varios de sus ministros han defendido la solvencia española. Pero necesitamos que se den cuenta de la gravedad de la situación, de que el euro está hoy en peligro", se insiste desde Moncloa, conscientes de que una llamada de Angela Merkel a Mario Draghi, responsable del BCE, basta para desbloquear la crisis, al menos de forma inmediata.

Mientras todo se movía de puertas para adentro, con el gabinete al completo dedicado en exclusiva a dar respuesta a la encrucijada económica, el Gobierno también buscó una fotografía de normalidad política: Mariano Rajoy, despidiendo a los deportistas que participarán en los Juegos Olímpicos de Londres; Soraya Sáenz de Santamaría, en la toma de posesión de la nueva Defensora del Pueblo; Luis de Guindos, en la Comisión de Economía a petición propia... Pero nada les acompañó en su intento de transmitir tranquilidad.

El presidente, en sus únicas palabras públicas de la semana -en su agenda ya solo queda un acto, el Consejo de Ministros, si bien podría haber cambios-, pidió no caer en el abatimiento: "Me voy a aplicar, y estamos aplicándonos para superar esta situación, la misma medicina que aplican nuestros deportistas: trabajo, esfuerzo, dedicación y perseverancia. Cuando un deportista está lesionado le cuesta recuperarse y puede caer en el desánimo, pero lo supera inmediatamente. Eso es exactamente lo que vamos a hacer nosotros: trabajar y dar lo mejor de nosotros mismos para superar esta situación", pronunció ante más de un centenar de deportistas.

Pero, de nuevo, su rostro cansado y su voz en ocasiones resquebrajada delataba la presión que está sufriendo. Dicen los suyos que el presidente no está bien, una vez se siente impotente ante "los ataques de los señores especuladores". "No son las reformas. Hacemos reformas y la respuesta de los mercados es mala. La UE ya no nos pide más. La única solución es Europa, es un mensaje claro de apoyo al euro", se esgrime. Todo se juega a una carta, una vez se considera que España está cumpliendo, y con creces.

Por ello, en este lunes aciago, todo fueran advertencias al BCE. El más contundente fue Carlos Floriano, portavoz del PP: "Tiene que actuar como un banco central porque los bancos centrales de los países miembros no puede actuar como tales. Forma parte de su obligación propiciar la estabilidad. No parece razonable que esté impasible cuando hay países que se financian en torno al 7%. No es razonable", esgrimió.

El vicesecretario general de los populares llegó a no descartar la intervención total: "El Gobierno está tratando de evitar de manera decidida otras situaciones", dijo, sin querer pronunciar la palabra prohibida. Sí negó tal posibilidad, y por dos ocasiones, De Guindos -que pidió tiempo-, pese a que él mismo admitiera que "a medio plazo" España no puede aguantar como en la actualidad. Y eso fue hace dos viernes. A micrófono cerrado, todo el mundo admite que es una posibilidad encima de la mesa, y que va cobrando fuerza; que el Ejecutivo -Rajoy a la cabeza- hace lo humanamente posible para que no se llegue a ese extremo, por todos los retrocesos en la calidad de vida que supondrían, pero que de momento nada sirve. "Muchos días así no aguantamos", confesó un alto cargo popular.

Así, mientras Rajoy intentaba levantar el ánimo, su equipo se confesaba: "¿Cómo no va a estar la gente preocupada? Es que hay que estar preocupados, estamos en un momento muy complicado". Como agua en tiempos de sequía se recibió que la CNMV haya prohibido las operaciones a corto por la volatilidad. "Es una buena noticia, menos mal". Pero claramente insuficiente porque, como mensaje clave, se lanza: "Esto lo tiene que solucionar Europa. Es España, pero también Italia". Y, con total crudeza, dan un plazo: hasta la cumbre que el presidente mantendrá con el italiano Mario Monti, el dos de agosto, en Madrid. El objetivor, reconocen, es sobrevivir.

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