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Los Rodríguez de Borbolla y Camoyán II: hábitos caciquiles

Esta es la historia de José María de la Borbolla, conocido por una gestión deficiente que inició el camino del régimen y por algunas cacicadas.

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José María Rodríguez de la Borbolla, para los propios y muchos extraños, Pepote de la Borbolla, fue un presidente de la Junta de Andalucía. Concretamente el segundo, devenido por la circunstancia de haber sido precedido por una personalidad: Rafael Escuredo que no entendió bien la vida interna del PSOE.

Hombre de hazañas, quiso pasar a la historia con grandes gestos y proyectos y quedó laminado por el aparato que, oh casualidad, controlaba Borbolla en Andalucía. Nadie imaginaba en 1984, año de la sucesión, que el propio Borbolla sería defenestrado por Alfonso Guerra y sus secuaces. Pero Borbolla pasará a la historia andaluza por una gestión deficiente que inició el camino del régimen y por algunas cacicadas.

De lo primero, hablaremos en su día. Tómese como anticipo el hecho de que durante todo su mandato, desde 1984 a 1990, no hubo oposiciones regladas y legales -sólo alguna prueba -, en el acceso a la Junta de Andalucía y que fue, sobre todo, durante su gobierno cuando se produjo la incorporación masiva de socialistas y familiares de socialistas a todos los ámbitos de la nueva administración andaluza. No estamos hablando de unas decenas o de unos cientos.

Estamos hablando de miles, de decenas de miles, la mayoría por el procedimiento del "interinato" convertido por el PSOE en el método esencial de colar a los amigos en la nueva Junta de Andalucía. En puridad, Borbolla es el responsable de la orientación del PSOE andaluz hacia la constitución de un régimen político monopartidista caracterizado por la ocupación de casi todas las parcelas de poder de la sociedad andaluza.

Su peculiar intento de constituir, además, un régimen político de partido dentro del PSOE, esto es, su intento de construir un aparato andaluz autónomo, tal vez al estilo del PSC catalán, con recursos propios y organización diferenciada, comenzó con la división entre borbollistas, a los que se primaba en todas las ocasiones, y el resto. Tal estado de cosas molestó a los guerristas y a no pocos felipistas que ya en 1988 decidieron acabar con la aventura política de Pepote. Tras dos años de acoso y derribo y habiéndole arrebatado la secretaría general del PSOE andaluz, Manuel Chaves, apoyado por el guerrismo que no vio el doble juego del "bueno" de Manolo, se hizo con la Junta y poco después con el PSOE.

Pero hoy de Borbolla queremos recordar su afición a los comportamientos caciquiles. Dicen que en su familia, Perico Rodríguez de la Borbolla, amigo de Romanones, ya había expuesto tales síntomas. El propio Romanones recuerda en su autobiografía que el "simpático y atractivo" Perico era un experto en el arte de la seducción electoral para lo que incluso utilizaba las comilonas. De hecho, cuenta Romanones, que le organizó un banquete monstruo a Segismundo Moret en el Teatro San Fernando de Sevilla.

Aunque no sabemos si estas cosas se heredan, se sabe que Pepote de la Borbolla organizó tres comilonas en París, siendo los langostinos de Sanlúcar de Barrameda la base de las mismas. Siendo Andalucía la más pobre, o una de las más pobres, región de España y estando como se estaba sin servicios básicos ni infraestructuras, su ágape monstruoso escandalizó a los "miserables" como él mismo dijo, que no entendían que había que invertir -distinto de gastar aunque no sabemos si precisó el concepto -,para que los europeos comieran productos andaluces. Total: 27 millones, jamón de Jabugo, aceite de oliva, flamenquito y cosas de esas.

Así vio la transformación gastronómica de Borbolla el dibujante de ABC, Palacios:

Hubo más comilonas, como la de Madrid y algunas en Estados Unidos del mismo tipo aunque más austeras. No le salió gratis aquel dispendio y su desgaste político comenzó a notarse. De hecho, llegó a perder los nervios con el siempre locuaz y puntiagudo diputado de IU, Luis Carlos Rejón, que en el Salón de los Pasos Perdidos le pidió una cajita de langostinos el día de los Inocentes. Borbolla, muy en lo clásico, argumentó de este modo: "Me cago en tu puta madre".

Pero caciquil, caciquil, fue el acontecimiento del "cestazo". Hasta ese momento, el "pollo de Antequera", esto es, don José Romero Robledo era quien copaba la primera posición en la clasificación de caciques andaluces. Pero lo del "cestazo" casi le arrebata la primacía.

Romero Robledo, casi insuperable, adjunto de Cánovas y dicen que experto en el arte de manipular elecciones con maestría inigualable, llegó a ser considerado incluso una circunscripción electoral. Fue Ramón de Campoamor, el poeta, el que siendo elegido diputado tras haberle pedido el favor a Romero Robledo, dijo, cuando le preguntaron, que él había sido elegido por la circunscripción de "Romero Robledo".

Borbolla, que esas cosas ya las hacía desde la taifa andaluza, se empeñó en el caciquismo clásico, en un dar para recibir, en yo te beneficio y tú me votas. En este caso, los agraciados fueron los pensionistas andaluzes a los que Pepote quiso regalar una cesta de Navidad. En aquel proyecto, Borbolla estuvo dispuesto a poner nada menos que 500 millones de pesetas. 50.000 cestas a 10.000 pesetas cada una, se dijo entonces. Los malísimos del ABC de Sevilla se refirieron a una canción perversa del público sobre una Caperucita Roja que se iba al bosque con su cesta de Navidad para captar el voto de los abuelitos.

Luego se formó la de San Quintín porque se dijo que los fondos habían salido del dinero destinado a la salud pública. En fin, un jaleo.

Se dirá que aquellos fueron otros tiempos ya superados. Pero los lujos y derroches motivados por el faraonismo del Palacio de San Telmo restaurado por Chaves nos dicen que aquellas prácticas no eran personales y propias de Pepote. Hace sólo unos días que nos enteramos, gracias a la denuncia del PP, que José Antonio Griñán había destinado 45.000 euros par la cocina del Palacio aunque la adjudicación del contrato finalmente fue de casi 42.000. Es más, la adjudicación de unos estores para el mismo Palacio de San Telmo en Sevilla supuso 37.844,20, euros. O sea, que la nave va. Es decir, el régimen va.

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