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Zapatero y Rajoy, ante el curso político más crucial

Se la juegan, y lo saben. Zapatero y Rajoy inician el curso político a sabiendas de que los próximos meses serán decisivos para su carrera. Líos internos, casos de corrupción, la crisis económica... y como telón de fondo la cita con las urnas en 2011, sin olvidar que los catalanes votan este invierno.

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Se la juegan, y lo saben. Zapatero y Rajoy inician el curso político a sabiendas de que los próximos meses serán decisivos para su carrera. Líos internos, casos de corrupción, la crisis económica... y como telón de fondo la cita con las urnas en 2011, sin olvidar que los catalanes votan este invierno.
Zapatero y Rajoy, en Moncloa | Archivo

Tras unas vacaciones más largas de lo anunciado, José Luis Rodríguez Zapatero se enfrenta a un complicadísimo comienzo del curso político. Enfrentamientos internos en el PSOE de Madrid, elecciones en Cataluña con dudosos ajustes legales para salvar el Estatuto, una crisis de Gobierno varias veces aplazada... Por otro lado, la situación económica, seguro, no dará tregua al presidente pese al "mantra" del Ejecutivo de que lo peor ha pasado. En poco más de un mes, llegará el enfrentamiento con los sindicatos con la huelga general.

Después, habrá subida de impuestos, reforma de pensiones y el habitual encaje de bolillos para sacar adelante los Presupuestos. La novedad este año, las tensiones que pueden suscitar en el PSE los coqueteos con los nacionalistas.

Los primeros retos llegarán este mismo mes de septiembre. Zapatero vuelve a la Moncloa con un nuevo problema sobre la mesa: la crisis en el PSM propiciada por él mismo al intentar imponer, de nuevo, un candidato para las autonómicas y municipales del próximo año. Tomás Gómez, que en su día tuvo el respaldo del presidente, se rebeló contra él en lo que muchos ven como un síntoma de la debilidad del jefe del Ejecutivo. No está nada claro qué candidato saldrá de las primarias del próximo tres de octubre. Y, con toda seguridad, una derrota de Jiménez se interpretaría como una derrota del presidente. No hay más que ver cómo Ferraz se esfuerza en defender a la todavía ministra de Sanidad frente al líder, de momento, del PSM.

La jugada de Zapatero con Jiménez le fuerza, por otro lado, a abordar en septiembre la crisis de Gobierno de la que tanto se ha hablado en estos meses. Las quinielas han sido numerosísimas y de los cambios se podrían extraer lecturas para 2012. Rubalcaba y Blanco, de quienes se ha hablado como posibles líderes de un PSOE poszapatero, podrían ser recolocados en vicepresidencias que les hicieran más visibles en el partido y en el Gobierno. Lo mismo podría ocurrir con Carme Chacón, de la que tanto se ha hablado como delfín del presidente. Puede que Zapatero haga movimientos para repetir la estrategia seguida con Jiménez con otros miembros de su Gobierno. Por ejemplo, se habla de Miguel Ángel Moratinos como candidato a la alcaldía de Córdoba. También tendrá que "jubilar" a los ministros más quemados: desde Elena Salgado, ninguneada varias veces este verano, a la vicepresidenta De la Vega, una fija en las quinielas.

Con o sin nuevo ministro en la cartera de Economía, a finales de mes el Gobierno tendrá que enfrentarse a la huelga general que aplazaron los sindicatos hasta después del verano. El Ejecutivo cuenta con la ventaja de que las medidas más polémicas se han enfriado y con la esperanza de que sus antaño amigos Méndez y Toxo no se excedan en sus críticas, que quedarán diluidas en el contexto de una protesta a nivel europeo. Pero los sindicalistas también han de cumplir su papel y movilizar a sus bases para evitar un fracaso que evidenciaría su escasa representatividad en la sociedad española.

También en el ámbito económico, Zapatero y su Gobierno deberán hacer frente a futuros reveses, como pueden ser los datos del paro de otoño, y a reformas pendientes como las pensiones. Pero sin duda el reto político y económico de los próximos meses será el de los Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno necesita sacarlos adelante para incluir en ellos la austeridad que le exige Europa. Y, pese a las erráticas declaraciones del Gobierno, es seguro que incluirán algún tipo de subida de impuestos con la que el Ejecutivo pueda aliviar en algo el déficit. Aprobarlos no le va a ser fácil: perdidos los apoyos de la izquierda y de, en principio, CiU, el Gobierno está forzado a conseguir los votos del PNV para asegurarse una mayoría suficiente. Pero el papel que están jugando Gobierno y nacionalistas en este cortejo previo a las votaciones está teniendo ya implicaciones políticas en el País Vasco. El ninguneo a Patxi López y la posibilidad de que acuerdos con el PNV que dificulten la posición del PSE están irritando al lehendakari, que ya se ha atrevido a levantar la voz para hablar de la "debilidad" del PSOE.

Otro líder regional del PSOE, José Montilla, seguirá siendo protagonista en este otoño electoral en Cataluña. Unos comicios que, además de coincidir con las complicadas negociaciones presupuestarias en Madrid, llegan tras la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto. El Gobierno emprenderá nada más llegar de vacaciones las maniobras pensadas para pasar por encima del fallo, con una comisión bilateral con Cataluña para nuevos traspasos y cambios legales que desactivarían lo poco que han declarado inconstitucional los magistrados. La tarea debería quedar esbozada antes de las elecciones para sacarle réditos en forma de votos y darle munición a Montilla frente a las proclamas nacionalistas que vendrán desde CiU y sus antiguos socios.

El futuro de Rajoy

Mariano Rajoy afronta el nuevo curso político con la intención de quitarse el traje de jefe de la oposición para ponerse el de "la alternativa real" al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. "Más gobierno y menos oposición" habida cuenta de que la cita con las urnas no queda tan lejos, y los acontecimientos podrían precipitarse.

Hay que "explicar la alternativa", y por ello el líder de los populares se empleará a fondo para desgranar su "Plan Global" contra la recesión, ése que presentará en las Cortes Generales si se convierte en presidente y que incluirá ocho grandes reformas en pro de la confianza y la certidumbre.

Sin embargo, visto lo visto en esta legislatura, mucho le costará a Rajoy que éste sea el centro de la actualidad política a tenor del calendario en clave interna que le espera. De primeras, todavía no ha proclamado oficialmente a muchos de los candidatos que concurrirán a las elecciones autonómicas y locales de 2011, cita que considera antesala de su victoria en las generales.

Tres focos se antojan complicados. El Principado de Asturias todavía no tiene cabeza de cartel electoral, con la posible candidatura del ex vicepresidente Francisco Álvarez Cascos en boca de todos. Rajoy no se ha puesto en contacto con él, ni para mostrarle su respaldo ni para retirárselo.

En Navarra las cosas tampoco pintan bien. Es la primera vez que concurren a las elecciones tras la traumática ruptura con Unión del Pueblo Navarro y todo hace indicar que el diputado Santiago Cervera, actual presidente, prefiere las Cortes a rivalizar por el Gobierno foral. A esto se suma que las aguas ya bajan revueltas en el partido, cuya implantación ha ido perdiendo fuelle con el paso de los meses.

El mapa de las incertidumbres concluye en la Comunidad Valenciana. Aunque oficialmente Francisco Camps será el candidato, en Génova confiesan que un varapalo judicial acabaría con sus posibilidades y que, sólo entonces, se pondría en marcha el famoso "plan B".

Y es que, aseguran fuentes de la dirección nacional, el PP arranca el curso político a merced de las nuevas revelaciones del caso Gürtel y de la posibilidad de que el presidente valenciano sea sentado en el banquillo. "Aunque ya no nos da tanto miedo como antes, un escándalo podría desestabilizarnos, principalmente en Valencia".

Cerrado el capítulo de posibles complicaciones, en el cuartel general de los populares se respira "esperanza", y se escudan en los estudios demoscópicos para justificar tan buenos augurios. Tanto el CIS como los sondeos realizados por los medios de comunicación aseguran que, de celebrarse hoy elecciones generales, Rajoy se convertiría en el próximo presidente de España. Los más halagüeños hablan, incluso, de que obtendrá resultados similares a los de José María Aznar en el año 2000, cuando repitió mayoría mandato con una holgada mayoría absoluta.

Unas encuestas que también apuntan a históricos resultados en feudos tradicionalmente socialistas, como Extremadura o Castilla-La Mancha. Los sondeos internos del PP bañan de azul la geografía española en la cita con las urnas de 2011, exceptuando Cataluña, donde pretenden obtener un honroso resultado.

"Estoy preparado para asumir en cualquier momento las riendas del país", proclamó Rajoy cuando presentó su alternativa económica ante la élite empresarial. El cronómetro ya está en marcha tanto para él como para el jefe del Ejecutivo.

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