Todo vale si la intención es buena. Y en esta ocasión, la intención es realmente positiva y constructiva. La decisión, de los grupos municipales del PP y del PSOE en el Ayuntamiento de Bilbao, para movilizar una vez al mes a toda la sociedad española contra la violencia de ETA tiene todos los condimentos para ser un compromiso adecuado. La movilización social, como ya vivimos el pasado sábado en San Sebastián, debe ser el camino marcado para vencer a los terroristas.
Al terrorismo se le vence en la calle, con la paz y la convivencia democrática. Y al nacionalismo vasco se le puede hacer recobrar la razón desde la calle, con la petición de respeto mutuo para todos.
El País Vasco vive ahora lo que tendría que ser el inicio de una nueva etapa política caracterizada por la ausencia de miedo en las calles. Estas próximas semanas pueden ser decisivas desde un punto de vista político, pero especialmente desde un punto de vista social.
Volver al “Espíritu de Ermua” se convierte en algo crucial. La pasada tregua de ETA, con todas sus trampas y mentiras, sí que tuvo algo positivo, que los terroristas no supieron medir. En las calles del País Vasco muchos ciudadanos vivieron sin miedo por primera vez en su vida. Y en definitiva, de eso se trata: perder para siempre el miedo. Saber que se puede pasear tranquilamente por las calles del País Vasco, sin que ningún pistolero esté escondido detrás de una esquina, sin que ninguna bomba pueda estallar en los bajos de un coche, sin tener que asistir a más entierros de personas inocentes e indefensas.
Desde la calle se puede construir la normalidad, desde la calle hay que enterrar el miedo.

Enterrar el miedo
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