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La hiena torpe y desesperada

La banda terrorista quiere matar al mayor número de gente posible. Necesita sangre y dinero. La hiena está desesperada. Ese instinto homicida viene rodeado últimamente de un clima de chapuza. Cuatro de sus pistoleros murieron en una estúpida caravana de la muerte, que parecía una clase para aprendices de criminales. En una nueva jornada trágica, la hiena ha matado a un buen hombre, al médico militar Antonio Muñoz Cariñanos. Si el asesinato carece de lógica moral, el que Eta lo haga a través de un comando quemado, perseguido, en medio de fuertes dispositivos policiales de seguridad, es un absurdo estratégico.

Los especialistas contraterroristas venían indicando que estaban pisando los talones del comando. Ese seguimiento más que una contravigilancia, o ambas cosas, explicaría el encuentro de la policía con los terroristas. La presencia en el comando de Jon Igor Solano estaba plenamente confirmada por huellas dactilares en el crimen de Martín Carpena. La foto de ese terrorista y de Gorka Palacios habían sido ampliamente difundidas por las televisiones. En otros momentos hubieran escapado a Francia. Mantener en ese escenario a los pistoleros intentando cosechar más muertes es un desastre táctico. Locos, además de asesinos. Eta no sólo ha jugado al asesinato, sino también al suicidio. Esto se parece más a los kamikaces o a los hombres-bomba de Hamas que al modus operandi de la Eta anterior a la tregua. Se ha reconstituido, pero lo ha hecho mal, sin preparación, con precipitación. Querrían matar a muchos más, pero no pueden. Ese es el dato si no alentador por lo menos satisfactorio.

El tremendo dolor del asesinato se mezcla con la alegría por el éxito policial. Esta es una hiena torpe y envilecida. Ahora cabe confiar en que se desmantele la infraestructura de la banda terrorista en Andalucía y se detenga a los posibles colaboradores de los pistoleros.

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