“Te quiero muñeca”
es una comedia que triunfa. Esta en el Centro Cultural de la Villa de Madrid con llenos diarios. Viene de una gira por España plagada de éxitos. Por ejemplo, en Bilbao, en su estreno, fue el espectáculo de mayor recaudación de la historia de la ciudad en todos los tiempos. Y ello se debe a la presencia de Maribel Verdú, que llega al público. Sin duda, puede decirse que es una comedia para una actriz.
La historia es la misma -o casi- que “Casa de muñecas” de Ibsen, puesta al día por Ernesto Caballero, quien la ha escrito de una forma parecida. Así, el autor -que andaba en los círculos cerrados del teatro- ha conseguido un resonante éxito de público. ¿Cómo? Muy fácil. Haciendo una versión intrascendente y cómoda de la mujer ideal, perfecta, que viva con un hombre. Para ello construye un autómata que cumpla con los cánones de su hombre-dueño-creador-poseedor. Éste quiere sea sumisa, dulce, cariñosa, atenta a los más mínimos deseos de su amo. Luego va evolucionando a medida que el público le oye las gracias y va mejorando el original gracias a la experiencia y al deseo de cambiar -a mejor- la relación inicial. Al final, sabremos que es mejor la chica emocional que la autómata hecha a su imagen y semejanza.
La actitud de esta comedia es la astracanada de salón. Todo pasa en una estancia fría decorada con muebles minimalistas. Están sobre el escenario el protagonista: un Luis Merlo lleno de gestos y tics típicos del teatro de “sofá” para el público de mediana edad. También están la doctora y la vecina, que es Aurora Sánchez, una estupenda actriz cómica. En la obra, emergen las circunstancias de la vida, que no resultan tan perfectas como las que fueron imaginadas con una mujer-muñeca objeto.
Y, por supuesto, brilla con luz propia Maribel Verdú, guapa, simpática y llena de registros que hacen reír al respetable público. Es aguda de tono y tonta cuando interpreta el papel de un objeto programado para dar gusto a su propietario. Es dulce, más grave y de registro humano, cuando tiene que sustituir a la replicante que han hecho para honra y gloria del macho protagonista. Con este papel se lleva al personal de calle. Es la mujer verdadera quien consigue encandilar al patio de butacas con su estilo, como si fuera cierto que, para triunfar, es mejor resultar auténtico que de diseño .
Texto y dirección: Ernesto Caballero. Escenografía: Gerardo Trotti. Iluminación: José María Vega.
Intérpretes: Maribel Verdú, Luis Merlo, Marisa Pino, Federico Celada, Aurora Sánchez.
Centro Cultural de la Villa de Madrid
La historia es la misma -o casi- que “Casa de muñecas” de Ibsen, puesta al día por Ernesto Caballero, quien la ha escrito de una forma parecida. Así, el autor -que andaba en los círculos cerrados del teatro- ha conseguido un resonante éxito de público. ¿Cómo? Muy fácil. Haciendo una versión intrascendente y cómoda de la mujer ideal, perfecta, que viva con un hombre. Para ello construye un autómata que cumpla con los cánones de su hombre-dueño-creador-poseedor. Éste quiere sea sumisa, dulce, cariñosa, atenta a los más mínimos deseos de su amo. Luego va evolucionando a medida que el público le oye las gracias y va mejorando el original gracias a la experiencia y al deseo de cambiar -a mejor- la relación inicial. Al final, sabremos que es mejor la chica emocional que la autómata hecha a su imagen y semejanza.
La actitud de esta comedia es la astracanada de salón. Todo pasa en una estancia fría decorada con muebles minimalistas. Están sobre el escenario el protagonista: un Luis Merlo lleno de gestos y tics típicos del teatro de “sofá” para el público de mediana edad. También están la doctora y la vecina, que es Aurora Sánchez, una estupenda actriz cómica. En la obra, emergen las circunstancias de la vida, que no resultan tan perfectas como las que fueron imaginadas con una mujer-muñeca objeto.
Y, por supuesto, brilla con luz propia Maribel Verdú, guapa, simpática y llena de registros que hacen reír al respetable público. Es aguda de tono y tonta cuando interpreta el papel de un objeto programado para dar gusto a su propietario. Es dulce, más grave y de registro humano, cuando tiene que sustituir a la replicante que han hecho para honra y gloria del macho protagonista. Con este papel se lleva al personal de calle. Es la mujer verdadera quien consigue encandilar al patio de butacas con su estilo, como si fuera cierto que, para triunfar, es mejor resultar auténtico que de diseño .
Texto y dirección: Ernesto Caballero. Escenografía: Gerardo Trotti. Iluminación: José María Vega.
Intérpretes: Maribel Verdú, Luis Merlo, Marisa Pino, Federico Celada, Aurora Sánchez.
Centro Cultural de la Villa de Madrid
