Los norteamericanos siguen sin saber quién será su presidente, y es posible que tampoco lo sepan el próximo fin de semana, ni siquera dentro de un mes. Pero quien llegue a la Casa Blanca tendrá una tarea muy difícil y una escasa probabilidad de ser reelegido en el año 2004.
Al margen de los resultados finales, está claro hoy que el país está dividido en dos partes casi iguales en número, reflejado en porcentajes de votos casi idénticos, pero muy desiguales en composición. Mujeres, negros, sindicatos y pobres, con el vicepresidente Gore, al que también acompaña la gente sin más educación que la primaria, junto a los profesores universitarios, los periodistas, maestros y funcionarios, además de los residentes en las zonas costeras y la población de las concentraciones urbanas.
En el otro lado están los hombres, los profesionales independientes, los inversores en la "nueva economía", la gente con estudios medios y superiores, así como la América tradicional de las pequeñas ciudades y el interior del país.
Cuando Bush o Gore juren su cargo el 20 de enero, ni los hombres serán mujeres, ni los pobres ricos, ni los universitarios ignorantes, ni los obreros campesinos, ni los republicanos demócratas. Para gobernar, los presidentes han de colaborar con el Congreso que está tan dividido como el voto presidencial y, para ello, Bush o Gore habrán de tender una mano al otro partido, pero las expectativas de cada medio país se reflejarán en el Congreso, donde los legisladores representarán una población polarizada que les exigirá una "defensa" contra el presidente rival, al que tal vez considere un usurpador.
En general, los inversores han estado satisfechos por el gobierno dividido de las últimas décadas que no ha podido imponer sus ideologías a los mercados y les ha dejado florecer, pero lo que les espera en los próximo años puede ser demasiado, y este temor se ha reflejado en las bolsas durante los últimos días.
Las bolsas aquí son un buen barómetro popular, porque no son el privilegio de unos pocos, sino el lugar donde el 50% de los norteamericanos tienen sus ahorros y, el deporte popular con más aficionados cuando el tiempo no permite la verdadera pasión del país, que es el pic-nic. Si las cotizaciones siguen cayendo, Gore habrá perdido su slogan de campaña de "seguir" con la prosperidad y, Bush tendrá que demostrar que el cambio que él propone sirve para resolver problemas inesperados pero, con el Congreso que les espera, tanto el uno como el otro tendrá las manos atadas.

Una casa dividida
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