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El peligro ruso

La confesión del general Vladímir Yákovlev de que sus misiles pueden ocasionar catástrofes nucleares debido a su precario estado, deja seco a cualquiera. Y eso, a pesar de que últimamente estamos acostumbrados a todo tipo de desagradables sorpresas de parte de los rusos. Total, el general no ha hecho más que confirmar nuestras sospechas sobre el precario estado de sus misiles. Anteriormente, en los tiempos del catatónico Yeltsin, los rusos intentaban disipar nuestros temores mintiendo que sus armas atómicas estaban bajo un riguroso control.

Es de recordar que el término “pelígro ruso” existe desde los tiempos de postguerra. Claro, ahora este peligro es distinto porque los que están más amenazados son los mismos rusos. Pero, hay que comprenderlo muy bien, las catástrofes nucleares no conocen fronteras. La de Chernóbil dejó sus siniestras huellas en varios países de Europa Central y del Norte.

Tampoco puede tranquilizar el hecho de que nos encontramos bastante lejos de Rusia. Estaremos a salvo el día de la presunta catástrofe sólo si el viento es favorable para nosotros y no nos trae una nube radioactiva. Hay también una esperanza de que el general haya exagerado un poco para pedir más presupuesto en el marco de la polémica sobre el futuro de sus fuerzas estratégicas.

Sea como sea, las últimas declaraciones no dejan dudas -ya no son ni rumores, ni sospechas- hay un peligro real para Europa y el mundo entero. Y hay sólo una manera de poner fin a este peligro: dejar el coqueteo con el nuevo inquilino del Kremlin y presionar fuerte para que garantice la seguridad de su peligroso arsenal.

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