Lo que esta ocurriendo, a nadie le puede sorprender. ¡Y esto no ha hecho más que empezar! José María Aznar siempre ha sido muy amigo del factor sorpresa en la política. Lo ha sabido utilizar bien en muchas ocasiones. Pero es una fórmula que no siempre es aplicable.
El factor sorpresa aliñado con el mutismo, tal como lo ha utilizado Aznar, desconcierta y agarrota a los más cercanos colaboradores. Pero también evita que cada uno pueda hacer la guerra por su cuenta. Esta estrategia ha sido aplicada por Aznar en momentos en los que existía una gran presión electoral. Y este tipo de presión entierra tensiones y unifica pareceres.
Ahora, al estar encima de la mesa la ausencia del actual presidente del Gobierno en el cartel electoral del 2004, esa presión desaparece y lo que en otras ocasiones ha tenido eficacia, esta vez puede ser un arma de doble filo.
Las declaraciones del pasado domingo del vicepresidente Rajoy no son casualidad. Existen dos posibilidades: que Aznar se vuelva a presentar y por lo tanto lance por delante a su colaborador; o bien que el nerviosismo sea tal que incluso Rajoy está pidiendo un poco de orden para que el desconcierto no sea general. Estemos donde estemos, lo cierto es que quedan más de tres años, y eso es mucho tiempo para enredar.
Por supuesto, no hay que descartar que Aznar tenga un “as” guardado en la manga. Pero, desde luego, la situación actual no beneficia al PP y puede ir a más. La sorpresa, a veces, puede ser buena. Pero el misterio en política termina siendo una trampa.

Sorpresas y misterios
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