El Acuerdo firmado por los dos grandes partidos nacionales significa, en principio, un periodo de paz dialéctica entre PP y PSOE. Los dos grandes partidos –no hay que engañarse– están muy acostumbrados a utilizar la lucha contra el terrorismo y la relación con el PNV como una permanente arma política. Esta paz política para empezar no está mal, pero no es suficiente. Entre otros motivos, porque esa unidad de criterios tendría que ser lo habitual en una cuestión que se debe considerar de Estado, y en la que las fisuras dañan directamente las raíces de la democracia.
Pero, bueno, recuperar los principios de entendimiento nunca es malo. Después de la fotografía en La Moncloa, empieza la hora de la verdad. Ahora comienza el trabajo y, por lo tanto, se inicia un camino por recorrer. Aunque, por desgracia, el camino de la lucha contra el terrorismo está lleno de pactos que el tiempo se ha encargado de enterrar.
Este nuevo Pacto, que tiene como objetivo normalizar la vida política en el País Vasco, nos ofrece en el horizonte una posible convocatoria electoral como primera cuestión inexcusable. Y hay que reconocer que cuando están por medio de las urnas, muchas buenas intenciones se entierran. Así pues, los comicios serán una buena prueba de fuego para chequear la salud de las relaciones entre los dos partidos. El afán de protagonismo y la coordinación van a ser decisivos para la eficacia.
Por cierto el arranque ya tiene un “pero”; Rodríguez Zapatero no descartaba la posibilidad de una modificación del texto, si desde el diálogo se sugiere esa posibilidad. Cerrar las puertas a la conversión al sentido común nunca es bueno. Pero hablar el primer día de cambios, tampoco parece lo más conveniente.

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