La victoria de la coalición de Kostúnica no ha sorprendido. La mayoría de los serbios, hoy en día, le asocian con la posibilidad de salir del largo túnel, asfixiante y oscuro, hacia la luz. Esta luz que apenas se ve en la opacidad de problemas.
En estas circunstancias, para muchos comentaristas está muy claro que Milosevic es un hombre acabado. Y quizá tienen razón. Pero, lo que no está nada claro es el camino de Yugoslavia hacia la transición democrática. La historia de los últimos diez años nos enseña que este proceso no es fácil ni en los países como Chequia o Alemania del Este. Y en Yugoslavia, presenciamos una situación mucho más difícil.
Los extremistas albano-kosovares, cada día más descarados ante la impotencia de las KFOR, ya no se limitan a las matanzas de serbios en su provincia separatista. Asesinan en la mismísima Serbia. Su soberanía sobre Kosovo es un hecho consumado. Por su parte, los montenegrinos cuentan los días para celebrar un referendum y separarse de Belgrado.
¿Qué hará en estas circunstancias Kostúnica? ¿Agarrará, una vez más, el “kalashnikov” para preservar el hundimiento final de la federación yugoslava, o reprimirá sus propio sentimientos nacionalistas? Nadie, por ahora, es capaz de contestar a esta pregunta. Y no es la única. Lo peor es la situación económica y social del país, destruido por las guerras, bombardeos, sanciones internacionales y, especialmente, por el propio régimen corrupto. La prometida ayuda internacional es vital. Pero, ¿llegará a tiempo y será bien utilizada?
Sólo una solución rápida y eficaz podrá enterrar definitivamente a los dirigentes tipo Milosevic. De no ser así, resucitarán como el ave Fénix. Y no será en el único sitio de Europa del Este. Ejemplos abundan.

Una luz al final del túnel
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