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Lo que nos humaniza

Un equipo de científicos canadienses asegura que la esencia de la mente humana, lo que realmente nos separa a nivel cognitivo de los animales más próximos –como nuestros primos evolutivos los chimpancés–, se halla en los lóbulos frontales de nuestro cerebro, concretamente en un área del tamaño de una bola de billar llamada corteza prefrontal derecha.

La característica más llamativa del cerebro humano, una masa gelatinosa de kilo y medio, son los grandes hemisferios encefálicos, que se encuentran asentados a horcajadas sobre el denominado núcleo central, que se extiende y desciende hasta la médula espinal. Estos hemisferios, modelados por pliegues y circunvoluciones, se encuentran cubiertos por una hoja de tejido doblada, de unos tres milímetros de espesor, que si estuviera extendida ocuparía una superficie de 1.500 centímetros cuadrados. Se trata de la corteza cerebral o córtex, el casquete pensante que envuelve el resto del cerebro. Si el hombre ha llegado a ser el cénit de la creación se lo debe a esta lámina, también presente en el resto de los mamíferos, pero mucho menos desarrollada.

Los neurólogos dividen la corteza cerebral en diferentes zonas claramente delimitadas. En la parte trasera del cráneo, el lóbulo occipital alberga el área visual; los lóbulos temporales, situados por encima del oído a ambos lados del cráneo, establecen conexiones con el sistema límbico, el estrato inferior donde moran las emociones, como la ira, el miedo o la alegría; y los lóbulos parietales, que cubren el cerebro de oído a oído, tienen que ver con muestras habilidades motrices y táctiles. Ahora bien, si hay una parte sagrada en el ser humano, seguramente son los lóbulos frontales. Éstos ocupan la parte delantera del cerebro, por delante de la frente.

Desde hace tiempo, los neurólogos saben que los lóbulos frontales controlan la conciencia, o la conciencia del propio yo. En las ratas, esta región cerebral es diminuta. El de los perros y gatos apenas ocupa el 3 por 100 de la superficie de la corteza. En los chimpancés, la cifra se eleva al 17 por 100. En el hombre, sin embargo, casi la tercera parte de su corteza es ocupada por este lóbulo.

Sin duda alguna, el córtex frontal humaniza al ser humano. Con los lóbulos frontales lesionados, una persona deja de ser persona o deja de ser la persona que era. De esto se dio cuenta el psiquiatra portugués Egas Moniz. En 1935, éste llevó a cabo una atrevida operación destinada a curar diversas formas de enfermedad mental, como la agresividad y los estados hiperemocionales. La cirugía consistía en horadar el córtex frontal del paciente y cortar las fibras que lo unen al resto del cerebro. Dicha operación, denominada lobotomía prefrontal, adquirió gran popularidad en Estados Unidos.

Durante las décadas de los cuarenta y cincuenta, los cirujanos lobotomizaron a más de 40.000 individuos con problemas psíquicos, convirtiéndolos en auténticos zombies. Ahora, el hallazgo de los investigadores del Instituto de Investigación The Rotman viene a confirmar, con algo más de precisión, algo que ya se sabía y que los científicos guardaban probablemente en su corteza prefrontal.

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