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¿Listas únicas PP-PSOE?

La ventaja de Xabier Arzalluz es que a fuerza de reserva mental y de la relativismo moral se le comprende fácil interpretando lo contrario de lo que dice. ¡Por supuesto que el PNV quiere concurrir en listas únicas para conseguir aprovechar mejor el voto nacionalista y evitar la penalización de la división que introduce la Ley d’Hondt! Es también efecto del temor a ser sobrepasado por Jaime Mayor Oreja si se presenta el PNV en solitario, ya que el PP en las pasadas generales ganó con claridad en las grandes ciudades, en las zonas más informadas y menos coaccionadas por el terror de la sociedad vasca.

El pacto entre PNV y EA no es nuevo. Ya existió en las municipales, con efectos menores de los esperados, pero no puede desdeñarse este frentismo electoral que debe aclarar en su programa electoral su postura sobre Estella/Lizarra y si quiere o no la independencia.

Este efecto puede ser contrarrestado en parte con el pacto del PP con Unidad Alavesa. El sistema electoral vasco concede una representación unitaria por provincias de veinticinco diputados, lo que beneficia a Álava. La presencia de Carlos Iturgaiz en el número dos de Vizcaya muestra la importancia de esa circunscripción, que ya en las generales dio síntomas de querer sacudirse el nacionalismo.

La lógica de la situación, en la que está en riesgo la libertad y la convivencia, y la misma dinámica abierta por el pacto contra el terrorismo de PP y PSOE haría convenientes listas únicas de los partidos constitucionalistas. Ese debate parece implanteable, por cuestiones de imagen nacional, pero estuvo en el transfondo de las mociones de censura a Ibarretxe cuando Nicolás Redondo Terrero justificó el voto conjunto con el PP porque estaba en juego la convivencia. No ir en listas únicas plantea riesgos añadidos de que se haga verdad la insidiosa especie de Arzalluz contra la esperanza en el sentido de que las elecciones no servirán de nada.

Van a depender en buena medida de que el PSOE sea capaz de ganar los votos de la IU de Madrazo, ante la convicción de que votar a Madrazo no es otra cosa que votar a Arzalluz, y en último término de la postura de Eta-Eh, que puede volver la espalda a sus aliados o exigir el ridículo referéndum en los siete territorios históricos. También sería fundamental que Gaspar Llamazares aclarara la postura qué mantendría su formación en la política de pactos postelectorales.

Lo mejor sería que PP y PSOE fueran juntos en las listas. Lo menos malo que en Álava se produzca el vuelco definitivo hacia la marginalidad del nacionalismo, porque sin Álava el discurso soberanista y la autodeterminación degenera en falacia.

La manifestación nacionalista contra PP y PSOE tiene ya el objetivo claro: marcar los límites de la tribu y trazar una línea para que no haya trasvases de votos.

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