Según la vieja máxima del periodismo sobre que lo noticiable es que el hombre muerda al perro, la noticia política es que nadie quiere suceder a Aznar. A este paso el PP va a tener dificultades para encontrar un recambio. Quizás tenga que sacar un anuncio en ofertas de trabajo: se busca a político dispuesto a ser candidato a la presidencia del Gobierno. O recurrir a Nuevas Generaciones.
Después de Rodrigo Rato, también se descuelga, aunque sea de manera retórica, Alberto Ruiz Gallardón. Lo de Alberto es casi más significativo porque el presidente madrileño hizo declaraciones varias postulándose. Incluso existe la certeza moral que conspiró no para heredar sino para sustituir a Aznar tras la primera victoria electoral del PP, en medio de las negociaciones con Pujol y Arzalluz (por qué se tuvo que contar con el PNV, esa es otra). Así que hemos de suponer que Gallardón ha aprendido la lección y sabe hasta qué punto está mal visto en Moncloa mostrar algo tan lógico en un político como la ambición de plantear un proyecto propio.
Cada día son más las evidencias de que la fórmula aplicada por Aznar tiene dosis de oscurantismo y es una apuesta por la mediocridad, porque elimina y proscribe el debate. Siempre pensamos que debabir era lo democrático. A este paso, los que queden en una carrera que no existe, y por tanto es de nervios templados, serán clónicos de Aznar y no podrán presentar ideas propias sino destacar por la exaltación del jefe pues el candidato será designado, a semejanza del tapado del PRI. Mala fórmula.
Además, se encontrará con una especie de tutoría –la idea me parece más ajustada que la de la bicefalia, porque en ésta se trata de poderes confrontados, la tutoría establece un poder vicario–. No son precisamente las mejores condiciones de legitimidad para ir con garantías a una confrontación electoral. Pero Aznar tendrá fontaneros que le sabrán adular. Mientras tanto el PP va camino de ingresar en el guiness: nadie quiere ser candidato. A este paso a lo mejor no le queda más remedio a Aznar que repetir.

Nadie quiere suceder a Aznar
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