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Nada nuevo en la política rusa

Una campaña propagandística sin precedentes se ha empeñado desde hace unos meses en presentar el mensaje presidencial como un acontecimiento “histórico” en la vida política rusa. Mientras tanto, este martes no se oyó nada nuevo desde el Kremlin. Los mismos estériles llamamientos a continuar con las reformas, mejorar la situación económica y social. Y, sobre todo, a crear las condiciones para atraer capitales extranjeros.

Son muy buenas las intenciones que el pueblo ruso ha escuchado a lo largo de los últimos tiempos, tanto de la boca de Putin como de su antecesor, Yeltsin. No obstante, hay una cierta diferencia entre las intervenciones de los dos líderes. Mientras el senil ex-presidente acompañaba sus promesas con comentarios tipo “Rusia va bien o muy bien”, su heredero prefiere decir algo de la verdad.

Así, nos enteramos de que la caída del comunismo, hace diez años, no destruyó la monstruosa máquina burocrática, perversa y totalitaria. Más al contrario: el número de funcionarios, base de este tipo de régimen, ha aumentado en casi el 30 por ciento. Los funcionarios públicos, en su mayoría corruptos, frenan cualquier progreso de la sociedad.

Y algunas otras confesiones del mandatario: en el país no hay todavía condiciones para el desarrollo estable, el capital nacional huye al exterior, los tribunales no son justos, las pensiones están por debajo del nivel de vida, no hay dinero para el desarrollo de la ciencia, ni para nada, y así un largo etcétera.

Pero no todo va tan mal. Hay también “éxitos” en la gestión putiniense. El presidente dijo que el Kremlin ha recuperado últimamente su papel directivo, debilitado en los años de Yeltsin. Así que el principal logro consiste en que Putin incrementó su propio poder.

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