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Vuelo cancelado

Era algo que se veía venir; prácticamente inevitable. El anuncio realizado por el Gobierno hace unos meses, a bombo y platillo, sobre la puesta en marcha del curioso “puente aéreo” entre Madrid y Quito, esta siendo arrinconado. Desde el Gobierno se hace desaparecer poco a poco, de forma sigilosa, sin llamar mucho la atención.

Y, lógicamente, ha sido el encargado de esta “brillante” idea quien está quitando de la circulación un proyecto que muy pocos, por no decir nadie, ha visto claro en ningún momento. Fernández Miranda, de forma discreta, intenta echar tierra encima de una iniciativa que más que solucionar un complejo problema añade nuevos inconvenientes.

Posiblemente todas las alternativas tendrán también puntos poco claros, pero esta iniciativa, económicamente muy costosa, coloca a la inmigración ante soluciones más cerca de los sueños que de la realidad. La inmigración debe afrontarse desde el Gobierno, con prudencia pero también con energía. Ha de mantenerse una política ambiciosa pero, sobre todo, realista. Poco sentido tiene hacer viajar a miles de ecuatorianos a su país con la promesa de volver con los papeles en regla. ¿No sería más fácil habilitar una oficina en España que regularice a todos esos ciudadanos ecuatorianos? ¿Qué sentido tiene gastarse un buen montante de millones de pesetas en los viajes de todos estos ecuatorianos, mientras se puede hacer desde España con mucho menos gasto?

En esta cuestión de la inmigración hay que evitar giros y bandazos. Puestas las bases, como parece que están puestas, es imprescindible evitar que errores como los del “puente aéreo de los papeles” compliquen más una cuestión de por sí difícil. Y que conste que ha sido el Gobierno el que se ha metido en este “jardín” de los viajes de ida y vuelta. Un “jardín” del que ahora intenta salir con el menor coste político posible.

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