La simple enumeración de quienes se oponen violenta o verbalmente a la Cumbre de las Américas que se celebra estos días y los argumentos excluyentes que utilizan para denostarla (apoteosis del neoliberalismo, globalización aniquilante, último esfuerzo del imperialismo norteamericano para domeñar el continente, etc) debería ser razón suficiente para defenderla.
Que individuos como Fidel Castro aplaudan a los violentos manifestantes que convirtieron la zona donde se celebra la reunión en un campo de batalla, orienta bastante sobre cuál es el proyecto político que los inspira. ¿Se imaginan un momento cuánto durarían en Cuba estos manifestantes si se atrevieran a repetir la suerte, por ejemplo en La Habana cuando se reunieron allí los diversos congresos y cuchipandas “contra la globalización”? También debería hacer reflexionar a los dirigentes latinoamericanos y caribeños que un tipo de la calaña moral del comandante Chávez se oponga a la cláusula democrática como condición previa para participar en el ALCA. O que un presidente caribeño y seguramente bananero proponga la admisión de Cuba en el acuerdo. O que el indefinible Fernando Enrique Cardoso advierta que Mercosur pasará siempre por delante del compromiso que se elabora ahora: ya veremos por cuánto tiempo y cuanto aguantarán los socios y vecinos...
Coincido con muchas voces críticas que denuncian como inviable el futuro acuerdo de libre comercio continental. Pero no por las razones que esgrimen: si este acuerdo es inviable, lo será gracias a fulanos como Chávez, Fox, Cardoso, Mireya Moscoso, Pastrana y demás compañeros mártires. Decía Bolívar que “hacer la América es arar en el mar”. Y acertaba: con estos bueyes y estos arados, el fracaso está garantizado.

Ladran, luego...
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