Menú

Con el recuerdo de un desplante

José María Aznar inicia la segunda visita oficial a Rusia desde que el presidente del Gobierno. Corría el mes de mayo de 1999 cuando viajó por primera vez a Moscú en calidad de jefe del Ejecutivo. Aquella visita se celebró en plena crisis de los Balcanes, en la que la OTAN estaba teniendo una participación muy activa. En Moncloa se recibieron varias sugerencias del Ministerio de Exteriores para que no se celebrara aquel viaje, puesto que las repercusiones y los chantajes diplomáticos eran imprevisibles, con un Boris Yeltsin que atravesaba un momento muy complicado.

Nadie escuchó esa sugerencia, y el viaje a Moscú se convirtió en una pesadilla. Yeltsin, entre la borrachera y la enfermedad, le cerró la puerta del Kremlin a Aznar y no pudo celebrarse la entrevista entre los dos líderes políticos. Suspendido el encuentro en el último minuto, aquello fue un jarro de agua fría en Moncloa. Estábamos entonces en vísperas electorales, a menos de un año de las generales. La negativa de Yeltsin a recibir a Aznar fue catalogada de verdadero ridículo internacional. Aznar llegó a Moscú como intermediario internacional para los Balcanes y se fue con un plantón que todavía se recuerda en los círculos diplomáticos.

Además, por si esto no fuera poco, primero se sugirió desde Moncloa que a Boris Yeltsin se le había agravado su enfermedad. Una excusa para parar el golpe en los medios de comunicación que, sin embargo, lo único que consiguió fue crear una gran alarma. Incluso tuvo una gran repercusión internacional de forma inmediata a través de las agencias de noticias. Complicada la situación al límite, el entonces ministro Portavoz, Josep Piqué, completó el despropósito. Salió al paso y dijo que la entrevista se había celebrado, pero con un formato distinto: el telefónico. Una nueva excusa que fue recibida entre el asombro, la ironía y el sarcasmo, y que convirtió el primer viaje de Aznar a Rusia en un ejemplo de manual para saber lo que no hay que hacer en este tipo de viajes.

Dos años después, José María Aznar vuelve a Moscú, esta vez invitado por el presidente Putin en circunstancias muy diferentes. Se conocen ya de otros encuentros y desde hace tiempo. Putin, incluso, ha estado en Madrid. Todo promete ser más normal. Pero, sobre todo, Aznar podrá borrar aquella pesadilla que no tenía nada de sueño y mucho de realidad. Todo volverá a la normalidad.

En Portada

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal