Todo hace sospechar las vísperas de un punto sin retorno en Palestina. Un año ya casi de jugar con fuego, ha despojado a Yasir Arafat de cualquier coartada. Para mostrarlo bajo su auténtico rostro: un corrupto Caudillo carismático sin escrúpulos, que busca perpetuar su jefatura a cualquier precio. Y ha puesto a Israel ante la inequívoca constancia de que la situación no puede prolongarse.
El atentado del sábado coloca al Gobierno israelí ante una frontera definitiva. Hace unos meses Arafat liberaba a los terroristas islámicos presos en cárceles palestinas. De inmediato, la estrategia de los atentados suicidas contra población civil israelí marcó la nueva fase de la Intifada. Para el Rais palestino se trataba de someter a los gobernantes israelíes a un hostigamiento disperso que los forzara a aceptar sus propias exigencias territoriales. Se trataba, al mismo tiempo, de ganar un margen de confianza por parte de una población cada vez más proclive al opiáceo consuelo del fundamentalismo religioso.
Puede que el segundo cálculo fuera correcto. El primero no puede sino revelarse catastrófico. La decisión de Sharon de no tomar represalias inmediatas tras el último atentado sugiere que Israel ha dado por terminada la fase de las respuestas parciales. Y difícilmente podría sustituirlas por un acto de fe en las más que ambiguas proclamas de un Arafat que solloza grandes lagrimones de paz al mismo tiempo que proporciona la infraestructura desde la cual actúa el terrorismo más irracional de todos los posibles: el que despanzurra crías de quince años a la puerta de una discoteca para que Alá pueda orgasmizarse con las salpicaduras de su sangre.
Pero, acabada la etapa de las acciones locales de represalia, a Israel no le queda más que una alternativa cierta: la operación militar de alta envergadura. Conviene no olvidar que cada milímetro cuadrado que controla Arafat le ha sido donado graciosamente por los gobernantes israelíes. Sin contrapartida. Y que el ejército judío tardaría horas en recuperar lo regalado. No creo que a nadie en Israel le apetezca lo más mínimo posesionarse nuevamente de las miserables Gaza y Cisjordania. Puede que ya a estas alturas, sin embargo, Arafat no les haya dejado otra alternativa. Si así fuera, esta vez sí el viejo líder terrorista habrá cavado su tumba.

Palestina ante el abismo
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