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Razones para no encasillar el sexo

En 1947, y a la edad de 21 años, el joven “aristócrata” americano Gore Vidal, perteneciente a una influyente dinastía política del partido demócrata (es primo de Al Gore) publicó su primera novela: La ciudad y el pilar de sal en la que trataba abiertamente la homosexualidad. La censura y el castigo de la crítica fueron tan grandes que Vidal abandonó completamente un tema que había sido consustancial a su vida desde los once años. Durante un tiempo se dedicó a la novela histórica y a los personajes exclusivamente heteros y sólo volvió a abordar la homosexualidad de forma a la vez sutil y feroz con la espléndida y satírica Myra Breckingridge.

Vidal pertenece a una generación que ya no temía la sífilis, que aún no conocía el sida, y que durante algunas décadas prodigiosas se sintió libre para explorar una sexualidad adánica. Pero practicar el sexo a escondidas en un país lleno de leyes que interfieren en la moral sexual de sus habitantes no es suficiente para este inquieto e independiente intelectual, residente en Italia y que siempre ha sido muy crítico con la sociedad americana. Gore Vidal quiere “hablar sexualmente”.

Sexualmente hablando recopila catorce ensayos y tres entrevistas fechados entre 1965 y 1998, en los que arremete contra una moral hipócrita y contra los usos encasilladores y poco exactos del lenguaje: no hay personas homosexuales, sino actos homosexuales y por lo tanto es mejor definir a quien acostumbra a realizar estos actos como homosexualista. Por otra parte, el movimiento gay (palabra que Vidal también rechaza) puede ser tan represor de la libertad sexual como las estructuras impuestas por el poder. Así se demostró con su gran amigo el dramaturgo Tennesse Williams, cuyos primeros años estuvieron amargados por los puritanos que rechazaban sus obras, y sus últimas piezas duramente acogidas por los gays, que le reprochaban que no incluyera en ellas personajes homosexuales. Con todo el sentido del mundo, Williams contestaba “¿Por qué voy a limitar aún más mi ya reducido público? Sólo existe un bando, el humano, y lo demás es política.”

Con ataques directos, inteligentes e irónicos a algunos personajes homófobos de la cultura norteamericana de los últimos 40 años y con textos dedicados a desmontar la necesidad de la cultura patriarcal impuesta, los ensayos dedicados a repasar la obra y las contradicciones de algunos autores homosexualistas, como Somerset Maugham, Christopher Isherwood u Oscar Wilde (con el que es inusualmente duro), son lo más interesante del libro.

Gore Vidal es coherente con sus ideas en el transcurso de casi cuatro décadas; cada uno de sus artículos debió de suponer en su momento una llamada a la libertad y a la sensatez. Las ideas que expone son claras y certeras, pero tanta coherencia y buen sentido recopilados en un sólo libro (impecablemente escrito y de interesante lectura) hacen que éste sea un poco monótono. Igual que, según decía Stravinsky, Vivaldi no compuso 430 conciertos, sino el mismo concierto 430 veces, Gore Vidal no ha escrito 17 artículos, sino el mismo artículo 17 veces. Eso no está mal, alguien tiene que encargarse de que nunca olvidemos ciertas cosas.


Gore Vidal, Sexualmente hablando, Mondadori, Barcelona, 2001, 287 páginas.

Más libros en: El Semanal de Libertad Digital

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