Menú

La locura senil de Pinochet

La locura senil o algo parecido salvó al general Augusto Pinochet de comparecer ante un tribunal para que juzgara sus crímenes. Eso, al menos, dicen las informaciones que llegan de Chile aunque, la verdad, no está nada claro eso de “sobreseimiento temporal” de la causa que se le seguía.

Con la decisión de la Corte de Casación podría terminarse una tragicomedia que empezó en el aeropuerto de Londres y debiera haber terminado con una sentencia en buena y debida forma en un juzgado de Santiago de Chile. Algunos creerán que el sobreseimiento constituye una derrota del estado de derecho y de la justicia universal. Otros dirán, lo están diciendo ya, que desde el principio estaba claro que el ex dictador no respondería por sus excesos en Chile porque este juicio era “imposible” allí dadas las características del régimen, una democracia “protegida” por los militares.

Es una forma de ver las cosas y tiempo habrá para debatirla. Lo que está claro es que si bien el “tata” (abuelo, como lo llaman sus seguidores) no se sentará en el banquillo, sí lo harán sus cómplices y colaboradores, autores directos o presumidos de la Caravana de la Muerte sin que les quepa argüir locura senil o tosferina. La justicia chilena se ocupará de juzgarles y eso prueba que el régimen es capaz de sancionar a quienes violaron los más elementales derechos humanos. Esos crímenes no quedarán, pues, impunes.

Otro asunto bien diferente –pero no tan distante- es si una sociedad como la chilena, una de las más prósperas, educadas e igualitarias de América Latina, puede darse el lujo de volver permanentemente sobre una etapa de su historia tan lejana como odiosa. Algún día, alguien tendrá que pasar página por muy dramático y doloroso que sea para los familiares de las víctimas. Un país no puede vivir permanentemente recordando sus dramas y sus miserias: se trata de evitarlas en el futuro no de utilizarlos en el presente por parte de quienes no quieren ni seguramente pueden olvidar o perdonar.

Afortunadamente este bálsamo está siendo derramado desde hace tiempo sobre estas llagas por parte de la inmensa mayoría de los ciudadanos que no quieren ser prisioneros del recuerdo y del rencor. Quien viaje hoy a Chile se llevará la sorpresa de constatar que lo que tanto preocupa por ejemplo a los españoles –el destino judicial de Pinochet, por ejemplo- le importa menos a la opinión pública de este país que debería ser la más interesada.

Era esa misma opinión pública la que hace unas horas hacía oír su voz: la justicia habló, respetemos su decisión decía la gente en la calle. Será la historia la encargada de juzgar a ese anciano nada venerable que agota sus últimos días a la sombra de un país todavía dividido y que quiere reconciliarse. Cualquier lección desde estos pagos, sobra.

En Portada

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida