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De la lluvia fina a la tempestad

La rueda de prensa que el presidente del Gobierno ha ofrecido en el Palacio de la Moncloa tenía importancia. Mucha importancia. En Moncloa eran conscientes de ello, y esa comparecencia pública había sido preparada con esmero. Es cierto que Aznar ha actuado con más resolución, con una mayor convicción de la que nos tiene acostumbrados últimamente. Pero eso ya no es suficiente. El presidente ha dejado a la vista tres razones para pensar que no está contento con la gestión de su Gobierno: la defensa intensa del trabajo del Ejecutivo, la afirmación de que las críticas son modas impuestas por la prensa y el uso público y político de las encuestas.

José María Aznar no parece ceder un ápice a las críticas: el Ejecutivo no se equivoca. El presidente no ha dejado margen para la disconformidad, como si nadie hubiera visto el espectáculo que el Gobierno ofreció la semana pasada, ha defendido a todos sus ministros, el trabajo del Ejecutivo –decía- ha sido impecable. Una defensa más propia de un país de las mil maravillas.

Segunda razón. El presidente del Gobierno ha recurrido a la gran tentación del político: la culpa es de la prensa. Cuando los medios alaban es lo natural, cuando critican son obsesiones. Y ahora resulta que los males del Ejecutivo están provocados por las modas impuestas por la prensa. Sinceramente, aquí no hay arranques maniáticos, ni modas pasajeras. La crítica de los medios es buena y saludable para todos.

Otro síntoma claro de que Aznar no está seguro de lo que dice, ni contento con la gestión de su Gobierno, es el fácil recurso de las encuestas. Sabemos todos del gusto del presidente por los estudios demoscópicos. Pero hasta ahora nunca habían sido utilizados como argumento político para defender la acción de su Gobierno. Y es que, en esta ocasión no vale aquello de la lluvia fina: repetir y repetir hasta que cale en la tierra.

Por mucho que Aznar insista y repita, la gestión no es buena y el Gobierno necesita un fuerte revulsivo. Estamos en una tempestad y como tal hay que reaccionar. Por cierto, si todo va tan bien: ¿Qué hacían algunos cercanos colaboradores de Aznar en la rueda de prensa ofrecida por Moncloa? Estas personas, verdaderos ideólogos del mensaje del presidente, suelen estar entre bambalinas. Cuando aparecen en escena, algo está ocurriendo.

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