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Enfermedad crónica

El espectáculo que han ofrecido, y están ofreciendo todavía, el PP y el PSOE es difícilmente calificable. Pero lo más grave de todo es, sin duda, la aniquilación absoluta de cualquier tipo de credibilidad para el llamado “pacto sobre la justicia” y también para el resto de grandes instituciones del Estado que deberían ejercer una acción de control sobre el poder.

Los dos grandes partidos están haciendo un daño irreparable a estas grandes instituciones. Los intereses partidistas y la ausencia de visión de Estado han convertido las negociaciones para la renovación de los distintos órganos institucionales en un mercadeo de intereses, en una lucha cerrada y encendida por el poder en una serie de mecanismos que, por pura salud democrática, deberían de mantener un alejamiento de la realidad política diaria.

Todo el lamentable espectáculo al que estamos asistiendo estos últimos días nos enseña que existe un vicio de raíz, desde su origen. Un vicio con el que algo tiene que ver la “época felipista”. La manipulación y el uso que se dio en los catorce años de gobiernos socialistas a todas estas instituciones ha provocado que la enfermedad tenga un carácter crónico. Era una esperanza general que, con la llegada del PP al poder y con la promesa de regeneración democrática, el pasteleo en los nombramientos para las grandes instituciones del Estado terminase para siempre. Pero la realidad ha sido otra muy distinta.

El PP no ha tenido valor para entrar a fondo en el problema, para solucionar con claridad y de una vez por todas esta enfermedad crónica de los organismos básicos para el buen funcionamiento del control político. Prefieren retocar y no abordar la cuestión. Esta enfermedad crónica les viene muy bien a los políticos. No son controlados, pero, eso sí, se convierten ellos en controladores de todo. Y eso a los ciudadanos de a pie no nos conviene. Es jugar con fuego.

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