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Nunca es tarde...

El asombroso silencio mantenido por el gobierno español ante la involucración indiscutible del reino de Marruecos en la avalancha de pateras y otras embarcaciones con emigrantes ilegales que sufrimos estos días, constituía un comportamiento insólito desde cualquier punto de vista. La complicidad en este silencio avalada por eso que algunos llaman con exceso de optimismo “la oposición” resultaba igualmente asombrosa aunque el español de a pié empieza a estar acostumbrado a tan insólitos comportamientos.

Parece ser que ahora el ministro de Asuntos Exteriores ha decidido actuar en consecuencia con la gravedad del asunto y la inanidad de la reacción marroquí. Por eso ha convocado al embajador marroquí en Madrid esperemos que para algo más que una charla amable sobre el verano que concluye. Nunca es tarde.

Una vez cumplido el rito y agotado el protocolo no estaría de más que Piqué o cualquier de sus colaboradores, incluso Rajoy –del que depende la cosa– se dieran una vuelta por el amable vecino del Sur y sin circunloquios le cantaran las cuarenta al primer ministro Yussufi y, si necesario fuera, también al “joven rey” Mohamed VI que, al parecer no sabe, no contesta.

España tiene en sus manos los instrumentos políticos y diplomáticos para pedirle a Marruecos que controle sus costas, neutralice a las mafias e impida la salida permanente de pateras con el siniestro cargamento de carne humana. Las promesas del gobierno marroquí al respecto se las ha llevado el viento y ahora los dirigentes del gobierno y los responsables de “palacio” (el verdadero poder radica en el trono, el gobierno está de oyente en este y otros asuntos) han inventado un nuevo argumento tan absurdo como inadmisible: debe ser la UE quien se encargue de la emigración, legal o ilegal, su control y acogida.

Por mucha buena voluntad y mejor carácter que Piqué o Rajoy hayan demostrado, por mucha tolerancia y disimulo ante el laxismo o la complicidad marroquí con esta avalancha, parece haber llegado el momento de ponerse serios y advertir a los amables vecinos sobre el hartazgo español ante un comportamiento tan inamistoso como alejado de los usos comunes entre países civilizados.

La pregunta es ¿existe voluntad política por parte del gobierno español para plantarle cara a este asunto sin recurrir a disculpas y cucamonas? El tiempo lo dirá. Y lo dirá muy pronto.

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