¿Cómo es posible que tras los ataques a plena luz del día contra sinagogas e iglesias en Ceuta y Melilla, cometidos por fanáticos musulmanes, no se hayan producido detenciones y los dirigentes políticos de ambas ciudades se limiten a lanzar soflamas retóricas -eso fue lo que hizo el señor Imbroda, presidente de la autonomía melillense- sobre el diálogo entre religiones y civilizaciones?
¿Cómo es posible que los delegados del Gobierno en ambas ciudades españolas no hayan tomado precauciones para evitar este tipo de atentados, con la que estaba cayendo y caerá?
¿Cómo es posible, en suma, que los ciudadanos ceutíes y melillenses se sigan considerando indefensos, aislados, olvidados y preteridos?
¿Servirá para algo el viaje, un tanto protocolario, del ministro de Defensa a Ceuta dentro de unas horas? ¿Tranquilizará a nuestros compatriotas del otro lado del estrecho de Gibraltar? Cualquier gesto del Gobierno para dar confianza a estos ciudadanos será bienvenido, pero ¿está dispuesto el Gobierno?

¿Cómo es posible?
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