Al igual que Barrionuevo, Corcuera ha terminado su declaración gritando al fiscal; pero la diferencia entre uno y otros es que Barrionuevo no supo aprovechar su oportunidad para defenderse y Corcuera sí que ha sabido hacerlo. Moderado al comienzo –quizá porque el lunes vio la equivocada actuación de su compañero– Corcuera se ha ido calentando conforme el fiscal se adentraba en el terreno de las joyas pagadas con los fondos reservados. El ex-ministro movía sus grandes manos, bebía agua, repreguntaba al fiscal e incluso se reía. Corcuera se ha sentido cómodo en el banquillo; combinaba dardos cínicos con lógicos argumentos exculpatorios.
El lunes, las impertinencias de Barrionuevo y la pasividad del presidente mostraban a un fiscal unicejo. Este martes, a Luzón incluso le hemos visto sonreír con las ironías de Corcuera. Eso sí, en más de una ocasión las ironías se han convertido en insultos al representante del ministerio público. A Barrionuevo le rebotaron los insultos; a Corcuera, no. El bilbaíno, sin corbata y hasta sin chaqueta (al final) conseguía incluso atraerse el interés del magistrado que será ponente de la sentencia, Arturo Beltrán, quien le formulaba dos preguntas que benefician claramente al acusado:
– ¿Recibió algún informe negativo de la Intervención Delegada de Hacienda de Interior en relación con los pagos de las joyas?
– Nunca, señoría.
– Después del primer año de aquellos regalos ¿recibió usted alguna crítica de la Intervención Delegada de Hacienda de Interior?
– Nunca, señoría.
Beltrán sabe muy bien el porqué de estas dos preguntas. Este magistrado estuvo destinado en la Inspección General de la Policía como jurídico militar. Por eso conoce el funcionamiento de la Administración y sabe que el interventor delegado de Hacienda tenía que dar el visto bueno a todos los gastos del ministerio de Interior. Ese representante del fisco comparecerá como testigo en el juicio. Su testimonio será clave para el destino de Corcuera.

Un grito medido
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