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Los fondos reservados de Felipe González

La comparecencia de Pilar “Piluca” Navarro, jefa de la Secretaría Personal de la Presidencia del Gobierno de González, en el juicio de los fondos reservados del Ministerio del Interior ha permitido comprobar que durante los largos años de gobiernos socialistas hubo dos clases de fondos reservados, los de las instituciones –ministerios o Presidencia– y los de las personas que temporalmente las dirigían. Pero lo peculiar del felipismo es que, como ha acreditado con absoluto desparpajo la señora Navarro, los responsables de manejar ese dinero público no hacían distinciones entre unos y otros, pasaban con absoluta tranquildad las lindes de lo público y lo privado, gastaban lo que les parecía en lo que les daba la gana y, como remate de su actuación, ni han dejado facturas ni conservan el menor recuerdo de en qué se gastaron muy cuantiosas sumas.

Es de esperar que el ex-Presidente del Gobierno, que en las próximas horas debe comparecer como testigo –a petición de la defensa de Rafael Vera y, por eso mismo, se supone que con la plena conformidad de González– tenga mejor memoria que su secretaria acerca de esas súbitas y onerosas necesidades que su preciada seguridad personal provocó en el arca de los fondos públicos. Porque convendrá recordar que los fondos reservados, sean de Interior o de la Presidencia, no son parte del sueldo o de las dietas de estos cargos. Aunque por lo que vamos sabiendo los responsables de Interior con los Gobiernos del PSOE no lo entendían así y, por lo que ha declarado la señora Navarro, tampoco el Presidente del Gobierno tenía clara una noción tan sencilla, disponer arbitrariamente para gastos personales de unos fondos cuyo uso sólo está justificado por necesidades institucionales es, además de una inmoralidad, una fechoría política y probablemente un delito, aunque por su propia naturaleza sea difícil encontrar otras pruebas que las cifras de gastos que testimonian los cheques del Banco de España.

No obstante, los cheques son elocuentes, tanto como el silencio y la desmemoria de la secretaria de González. Como no es ni razonable ni verosímil que Pilar Navarro no recuerde en qué invirtió decenas y decenas de millones, como es falso que fuera necesario disponer de los fondos reservados de Presidencia para partidas imprevistas y como la Conferencia de Seguridad de Madrid fue en algunas fechas anterior al primer cheque del Banco de España gastado por la secretaria de la Presidencia, hay que esperar que el ex-Presidente, tan memorioso en el ejercicio del rencor, recuerde algo sobre el destino de ese dinero confiado a su cargo. De otro modo, pensaremos que su secretaria disponía del dinero público para su uso particular, de ella, de él o de ambos. Y que, a diferencia de otros ex-responsables de Interior más modestos, no piensan devolverlo.

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