El 11de septiembre ha cambiado muchas cosas, pero la más espectacular, por lo menos la que ve más el ciudadano, son las modificaciones de las reglas de seguridad en los vuelos aéreos. Los terroristas se presentan como viajeros, no como terroristas. Por tanto, la primera medida consiste en controlar a los viajeros y sus equipajes. Esto ya se hacía antes del atentado de las Torres Gemelas, pero ahora se ha acentuado. La medida fundamental consiste en evitar que los viajeros transporten instrumentos que puedan servir para amenazar al personal tripulante y al resto de los pasajeros. Para ello hay que controlar personas y equipaje.
Los dispositivos de control son esencialmente los mismos que se utilizaban antes de los atentados y algunos más. Los equipajes se controlan en los ‘túneles’ de rayos X que, como es natural, no se aplican a los viajeros por motivos de salud. Al pasaje se le hace pasar por pórticos magnéticos que detectan los metales.
En los equipajes se pueden esconder dispositivos que se hacen explotar a distancia, pero los rayos X permiten ‘observar’ el contenido de los bagajes. Sin embargo, hay materiales opacos a los rayos X. Es el caso del vidrio que, por su alto contenido en plomo, no deja pasar esas radiaciones, aunque sí percibe la forma de esos recipientes. En el caso de los pórticos magnéticos hay materiales que no son detectables, tales como los productos cerámicos y los formados con fibras de vidrio o carbono. Con esos materiales se fabrican armas de fuego, cuchillos y tijeras cuyo paso por los pórticos es ‘silencioso’. Tales objetos se anuncian, sin ir más lejos, aquí mismo: en Internet. Esto obliga a un control ‘manual’ de los pasajeros, un registro de difícil aplicación dado el elevado numero de viajeros.
Hay otros métodos de protección eficaz de los vuelos que reducen drásticamente el peligro que suponen los terroristas. Se han aplicado parcialmente contra los piratas de aviones. El ejemplo más completo de esos métodos es el aplicado por la compañía aérea israelí ‘El Al’, que ha dado excelentes resultados. Desde su aplicación, hace ya bastantes años, no se ha producido un pirateo de aviones de ‘El Al’.
Es sistema israelí funciona del modo siguiente: desde el mismo momento en que se produce la reserva del billete, al futuro pasajero se le interroga sobre su pasado y el motivo del viaje. Los pasajeros son convocados al aeropuerto varias horas antes del despegue del avión. Se les pregunta sobre el contenido de los equipajes, que pasan por un túnel de rayos X. Los pilotos están protegidos por una doble puerta, como las de los bancos. En el avión hay agentes de seguridad dotados con armas que disparan proyectiles de plástico que pueden neutralizar al pirata o al terrorista sin causar daños en las paredes del avión. A esto hay que añadir que el personal de a bordo, azafatas, etc., conocen y saben aplicar las técnicas de combate, como todo israelí que haya efectuado su servicio militar.
Los controles que permiten asegurar una protección, relativa, de los vuelos ante los posibles ataques de terroristas son, sin ningún genero de dudas, molestos para los pasajeros. Pero, como todo el mundo debería saber, en este mundo nada es gratuito. Y la seguridad hay que pagarla.
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Este artículo de Antonio López Campillo se publicó en la Revista de Libertad Digital junto a otros de Jorge Alcalde, Enrique Coperías, Alicia Delibes, Ana Díaz, etc. Si desea leerlos, pulse AQUÍ
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