El PP agranda su distancia electoral respecto al PSOE. A Zapatero sólo le queda confiar en los errores del contrario más que en sus aciertos. En los últimos tiempos sus errores son tan llamativos que parece difícil que el PP los iguale. A este paso el socialista puede convertir la sucesión de Aznar en un trámite.
Los datos son, en ese sentido, tozudos e indican que el PSOE tiene mucho más un problema Zapatero que un problema Redondo, pues Nicolás era –y espero que siga siendo– una solución. El secretario general ni tan siquiera ha iniciado algo parecido a un proceso de renovación ideológica. Atenazado por los lastres heredados –Felipe González y la poco santa compaña– Zapatero cada día se hunde más por la senda ya recorrida por Joaquín Almunia, poniendo buena cara a estrategias viejas, caducas y amortizadas.
En el País Vasco no lo está haciendo mal, lo está haciendo rematadamente mal. Está dilapidando su mejor activo. Lo de Patxi López parece un chiste de batzoki. Se comprende cada vez más por qué Zapatero sigue siendo bien valorado mientras su partido se hunde: los militantes y votantes del PP le dan una alta valoración porque no resulta inquietante. No, desde luego, en términos electorales, pero en la cuestión clave de la convivencia común y la defensa de la libertad empieza a ser un riesgo. Nicolás Redondo sería mejor secretario general del PSOE y lo votaría más gente en unas elecciones generales. Zapatero no está ni a sus zapatos.
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