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Seguidismo de Prisa

Huelga decirlo, aunque nunca esté de más recordarlo: una prensa independiente y libre es imprescindible para toda democracia digna de ese nombre. La libertad de expresión efectiva es la piedra de toque que permite distinguir a los sistemas democráticos de los totalitarios.

Es habitual, y entra dentro de la lógica política y del ejercicio de la libertad de expresión, que la línea editorial de un periódico sea más o menos afín al gobierno de turno, o bien comparta las tesis de la oposición. Asimismo, es indudable que la prensa ejerce una poderosa influencia sobre los políticos, y esta es precisamente su principal función y servicio a la democracia: el “cuarto poder” es el más eficaz y directo defensor del ciudadano, salvo cuando se deja corromper y desnaturalizar por quienes ejercen el poder.

Sin embargo, en España asistimos a una curiosa esquizofrenia, inédita en las democracias occidentales. Lo “habitual”, si es que se puede decir así, es que los políticos corrompan a la prensa. Lo insólito es que la prensa corrompa a los políticos.

Ayer decíamos que Zapatero había entregado el PSOE a Prisa, el grupo propietario, entre otros, de la cadena SER y de El País. Y como muestra de que no exagerábamos, el secretario general del PSOE recita de memoria los latiguillos editoriales del diario de Polanco y Cebrián, pidiendo a José María Aznar que “deje de entrometerse en la vida interna” del PSOE y que “escuche” las nuevas iniciativas que los socialistas vascos plantearán en materia antiterrorista. Compare el lector estas declaraciones de Zapatero del pasado domingo con el texto editorial de El País del mismo día: “José Luis Rodríguez Zapatero se ha sentido en la obligación de hacer una apelación a José María Aznar para que no se inmiscuya en el congreso socialista vasco...”. Ni que decir tiene que el editorial se había escrito antes de que Zapatero pidiese al presidente del Gobierno que se mantuviera al margen.

A estas alturas, Zapatero debería saber que es un cadáver político, y que ha sido precisamente su falta de firmeza ante las presiones de González y su brazo mediático lo que ha provocado su defunción, poniendo en peligro —como señala el presidente Aznar— su principal logro y servicio a las libertades en España: el pacto contra el terrorismo firmado con el PP. Es una lástima que el secretario general de los socialistas carezca del coraje y la coherencia de Nicolás Redondo. Si bien es verdad que Prisa ha arrollado a todo aquel que se le ha puesto por delante, no es menos cierto que es preferible ser arrollado salvando el honor y la dignidad —como ha hecho Redondo, y otros antes que él— a inclinar la cerviz sumisamente, caminando cargado de cadenas al lado del vencedor y pregonando sus “glorias”.

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