El adiós definitivo de José María Aznar ha abierto una nueva etapa en el Partido Popular. El anuncio era algo previsible, pero no se conocía ni el cuándo, ni el cómo. Ese momento y ese lugar ya son públicos. Aznar se marcha, dice adiós de forma irreversible y ha escogido el foro de su Congreso para anunciar que deja la dirección del PP y que no volverá a presentarse como candidato a la Presidencia del Gobierno. No por esperado este anuncio deja de ser importante y, desde este momento, comienza la cuenta atrás hacia la sucesión.
Aznar, en su despedida, ha señalado también a sus preferidos. Lo ha hecho cuidadosamente y dejando a cada uno en su lugar. Primero, ha marcado de forma especial a los tres vicesecretarios como las personas del PP con una mayor capacidad de liderazgo. Los tres por igual, sin un orden específico. Esos calificativos dejan a Rodrigo Rato, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja como los nombres inequívocos de la sucesión. A día de hoy, en el Partido Popular no hay dudas: uno de los tres será el elegido. El presidente también ha dedicado especiales piropos, solamente cariñosos, a Javier Arenas y Ángel Acebes; siempre en otros términos, en otro plano diferente, el de la gratitud. Cuenta con ellos, pero no están en la primera línea de la sucesión.
Otra de las cuestiones importantes que hay que reseñar del anuncio de Aznar es que haya ido acompañado de una mención a la llamada generación de Sevilla: aquel grupo de históricos de AP, que en el Congreso de Sevilla le cedieron el poder y que desde entonces le han apoyado en lo bueno y en lo malo. En el reconocimiento a esa generación hay también una llamada de atención a los jóvenes del PP, especialmente a los que han aterrizado en la época del poder, para que no repitan en el futuro historias de familias enfrentadas como ocurrió en el pasado. Aznar advertía a todos los presentes que la clave para cualquier partido está en la unidad interna.
Junto a todo esto, y después de haberle escuchado en su intervención final del domingo, hay que matizar algo importante sobre el adiós de Aznar. El presidente del Gobierno ha dicho que se va, pero por el momento permanece y sin ceder un ápice de poder, ni de protagonismo. Se irá en 2004, pero hasta entonces el que manda es él. Un mensaje que se desprende del discurso de clausura, en el que ha enumerado objetivos de futuro, pero todos bajo su mandato.
Sin duda, desde ya comienza una nueva etapa en el PP. Los populares trabajan ya para la sucesión. Estamos en el kilómetro cero de un recorrido que nos llevará hasta otoño del 2003, fecha oficial de elección del candidato. Ahora ya está la maquinaria en marcha, los candidatos están elegidos. Aunque en un Congreso todo son palabras bonitas y entusiasmos fervorosos, desde ahora las trampas, las zancadillas y las faenas no pasarán inadvertidas. Están en juego la sucesión de Aznar y también la presidencia del Gobierno. Desde ahora ya no será lo mismo ser el primero, el segundo o el tercero. En el PP tienen el complicado reto de superar el fuerte y largo liderazgo de Aznar. De ello dependerá su futuro.
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