La puesta en marcha de la reforma de la Ley de Partidos Políticos demuestra la necesidad de una buena sintonía entre el Partido Popular y el Partido Socialista para reconducir la complicada situación en el País Vasco. El texto estudiado en el Consejo de Ministros es el fruto del buen entendimiento que, en este caso, han mantenido los dos grandes partidos nacionales. Estos resultados son satisfactorios en la lucha contra el terrorismo, beneficiosos para todos los ciudadanos, refuerzan el Estado de Derecho y son un claro ejemplo para la presión política internacional que se puede ejercer contra el terror en cualquier parte del mundo. No hay duda de que con el PP y el PSOE de la mano las cosas son más sencillas, pero especialmente resultarían más eficaces.
Los resultados que se están recogiendo del Pacto Antiterrorista, como esta reforma de la Ley de los Partidos Políticos o la posibilidad de disolver un Ayuntamiento que sea utilizado para la apología del terrorismo, son dos ejemplos de que en la medida en que populares y socialistas mantengan una visión de Estado, lejos de los partidismos y de las tibiezas, comenzarán a ser mucho más eficaces en la lucha contra el terrorismo etarra. En este binomio obligatorio, el PSOE es el que debe recapacitar. Los populares se han mantenido fieles a los principios del Pacto Antiterrorista y por lo tanto se han mantenido contundentes a la hora de actuar con la rectitud y coherencia democrática que requiere la situación. Han sido los socialistas, con su secretario general al frente, los que se han mostrado cambiantes, dubitativos, esquivos, temerosos. Han sido ellos los que han pedido relecturas y replanteamientos en un ejemplo claro de flaqueza democrática. Después de laminar el mensaje diáfano de Nicolás Redondo Terreros, la dirección del PSOE ha quedado en evidencia: viven instalados en la desorientación. Y lo que es peor, continúan buscando justificaciones para una estrategia que les está llevando a la esquizofrenia política. Por un lado, buscan desesperadamente acercarse al nacionalismo; por otro, mantienen gestos propios del Pacto por las Libertades. Un auténtico lío y un desastre.
Los buenos resultados que el PP y el PSOE obtienen en la lucha contra el terrorismo cuando reman en la misma dirección, deberían hacer recapacitar a los socialistas. Con un Congreso decisivo este fin de semana en el PSE, tienen ante sí un dilema entre el precipicio y la coherencia. Y Zapatero no debería perder de vista que el mayor peligro para no llegar como candidato socialista a las próximas elecciones generales es el rechazo interno de muchos de sus militantes por el permanente cambio de opinión y estrategia en el País Vasco. Hace falta un socialismo vasco constitucional y razonable. Muchas cosas han pasado estos últimos días. El PSOE debe rectificar en sus actitudes cambiantes. Por el bien de todos.

Un binomio necesario
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