El LSD o dietilamida del ácido lisérgico, ha sido el mayor fracaso comercial de la historia de las drogas, y ello a pesar de que sin duda fue la sustancia de mayor influencia social a finales de la década de los años sesenta. Asociada con conceptos intelectuales y políticos, constituyó la llave de paso hacia otra realidad para poetas y escritores como Aldous Huxley, Robert Graves o Allen Ginsberg. Todos ellos utilizaron la droga como "experiencia" y no podría decirse en puridad que estas personas fuesen drogadictas, por lo menos tal como lo entendemos hoy. De suyo, Robert Graves, quien se hizo famoso en España después de que se pasase en televisión la serie Yo, Claudio, explica en La Diosa Blanca que encontró el fundamento de su pensamiento poético no gracias a esta droga, sino a las alucinaciones que le produjo una mordedura de víbora durante una excursión con su hija en los Pirineos. Dicen que los efectos son similares, aunque no estoy dispuesto a comprobarlo.
Hoy tenemos centrales nucleares diseñadas por personas que experimentaron los efectos del LSD. Y escritores de renombre, banqueros, políticos conservadores, ingenieros aeronáuticos, matemáticos y premios Nobel, entre otras muchas profesiones. Tal vez le haya operado a usted un cirujano que en algún momento de su vida "vio" sonidos o "escuchó" imágenes, al igual que algún primer ministro que ha ordenado en su momento unos cuantos bombardeos sobre población civil.
Usted puede adquirir hoy a través de Internet una gran cantidad de drogas y fármacos, desde marihuana hasta Viagra, pero sin duda es el éxtasis (3-4 Metilendioximetanfetamina (MDMA)), también llamado "pastilla", "pasti", "pirula", "rula", "bicho", "Adan", "equis", "banana split", "picapiedra", "taxi", "bola de nieve" o "bola blanca" en la jerga de los consumidores, la de mayor predicamento. En la web del Ministerio de Educación tienen ustedes una detallada explicación acerca de estas drogas... incluido el precio de venta.
¿Por qué el LSD pasó a la historia y el éxtasis está en boga? Pues sencillamente porque el origen de esta última droga se encuentra en el uso del MDMA, fármaco utilizado en psiquiatría para mejorar las habilidades de relación social de los pacientes afectados por determinadas neurosis. El LSD, en cambio, incita a raras experiencias místicas o intelectuales, y ya se sabe que eso resulta aburrido. La gente, y especialmente los jóvenes, se encuentran solos. Ni las familias ni la sociedad disponen de recursos para dotarles de la arquitectura personal que les haga capaces de gestionar sus vidas en un mundo que ha cambiado brutalmente a lo largo de los últimos cinco años por efecto de las nuevas tecnologías. Posiblemente la sociedad tiene nuevos valores. Pero la sociedad no sabe de qué valores se trata.
Dentro de treinta años los seres humanos se someterán a tratamientos genéticos practicados por especialistas que hoy por la noche se partirán de la risa en el parking de una macrodiscoteca cebados a base de éxtasis y calimocho.
Y alguno de la pandilla, probablemente, ordenará algún que otro bombardeo sobre población civil.

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