El español es un idioma austero y contenido que no requiere muchos alardes tipográficos. El más simple suele ser el uso de las mayúsculas en nombres comunes. Los periódicos están llenos de ejemplos, así que me permito no dar ninguno. La manía de la profusión de mayúsculas, como tantas otras, proviene del inglés. Hay periódicos cuyos maquetistas deciden que en los titulares todas las palabras deben componerse con la primera letra mayúscula. Es una práctica molesta en español. Sin llegar a tanto, la contaminación anglicana nos lleva muchas veces a abusar de las mayúsculas. Me acuso yo el primero de esa sinrazón. Pero es un vicio general. Por ejemplo, “en la tertulia del Martes dijo Don Federico”. Mejor sería apear de la mayúscula al martes y al antenombre de don, que bastante enaltecedor resulta. La madre Teresa de Calcuta tampoco requiere la mayúscula en el antenombre. Con mayúscula veo ese tratamiento en El Mundo (7-IV-02).

Mayúsculas a discreción

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