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El PP se queda sin Aznar

La pasada semana, José María Aznar enunció la posibilidad –ahora confirmada– de que en 2004 dejará también su escaño como diputado. El presidente del Gobierno ha cerrado el circulo y ha anunciado que en las próximas elecciones generales dejará definitivamente la política nacional. En cambio, por el momento, sobre un posible futuro europeo ha preferido evitar la respuesta, dejando la puerta abierta a tal posibilidad.

Poco a poco, Aznar ha ido dando forma a su futuro político. Primero fue el límite de ocho años para la Presidencia del Gobierno, más tarde llegó la renuncia a la Presidencia del Partido y ahora llega el abandono del escaño. Es evidente que siempre queda abierta la puerta para una vuelta en el futuro, pero también parece claro que desde 2004 el Partido Popular tendrá que acostumbrarse a funcionar sin el líder que les ha dirigido durante catorce años.

Conociendo al personaje, se puede dar por seguro que ya no habrá cambio de decisión, por lo tanto los populares deberán empezar a pensar sin su presidente. Con este anuncio, el PP comienza una nueva etapa. En todo caso, no se puede olvidar que un liderazgo profundo y prolongado en el tiempo en una formación política plantea siempre el interrogante sobre su futuro real. ¿Sabrán sobrevivir sin él? ¿Comenzarán a aflorar las heridas que el poder ha tapado durante años? ¿Sabrá el nuevo líder acoger a todos sin desprecios ni categorías? ¿Surgirán de nuevo las viejas familias políticas?

De momento, el PP ha de ir acostumbrándose a trabajar sin José María Aznar. El actual presidente del Gobierno, visto lo visto en sus antecesores, ha preferido quitarse de la circulación y evitar pasarse años lampando e intentando desde la sombra mover los hilos del poder. Aunque José María Aznar se mantendrá en la recámara, es verdad también que ahora se puede permitir el lujo de estar en la reserva a la espera de que se le pueda reclamar, pero también es claro que el sucesor de Aznar se va a convertir en el líder a todos los efectos: en el partido y en el Gobierno, en las decisiones y en los nombramientos, en los equipos y en el estilo.

El que sea elegido como nuevo candidato a la presidencia del Gobierno deberá asumir el liderazgo político desde el primer minuto y con toda su intensidad. Deberá heredar desde el primer instante todo el peso de la responsabilidad. Aznar dice adiós y lo dice con todas las consecuencias. El PP sin Aznar será una realidad desde la primavera de 2004. Es más, este anuncio rotundo del presidente del Gobierno da más fuerza al nombramiento del sucesor. Sea quién sea el elegido, llegará con todo el poder a sus espaldas. Por todo esto, recobra una especial intensidad la batalla por la sucesión que se prolongará hasta el otoño de 2003.

Aznar se va del todo. El PP tiene que empezar a acostumbrase a vivir sin él. ¿Tendrá el PP “aznarmanía”? El tiempo dirá sí son capaces de aguantar el tirón.

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