Supongo que al presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid no se le puede haber olvidado una larga conversación en el Palacio de la Moncloa con el presidente Aznar. Una conversación que se celebraba el verano pasado, "a calzón quitado", como se dice coloquialmente. En este encuentro, a iniciativa de José María Aznar, el presidente del Gobierno intentaba reconducir una situación fría, distante y, en ocasiones, inexplicable por parte del presidente madrileño.
De muchas cosas hablarón los dos políticos populares, en una entrevista de la que han trascendido muy pocas cosas. Sabemos que fue sincera, y sabemos también que Aznar le pidió a Ruiz Gallardón que rectificara su actitud permanente de "niño díscolo", que dejara de ir por libre y que no se preocupara por su futuro: con un comportamiento correcto le llegaría "su momento de gloria". Desde entonces es cierto que Gallardón ha rectificado en algunas cosas, al menos cara a la galería. Especialmente no ha desaprovechado oportunidad alguna en los foros internos del PP para manifestar su fidelidad personal a José María Aznar. Gallardón ha intentado, no siempre con éxito, quitarse la etiqueta de "peligroso".
Pero, de todas formas, ha continuado con su "coqueteo" con el grupo PRISA y ha vendido a todas horas sus logros desde el Ejecutivo madrileño. Dos cuestiones que no gustan en Moncloa. La primera, por razones de sobra conocidas; la segunda, porque tampoco está bien visto que parezca que la eficacia de la Comunidad Autonóma de Madrid se debe a la gestión de su Gobierno y no a la del Partido Popular.
Por todo esto, es evidente que Aznar sigue sin fiarse de Ruiz Gallardón. El presidente madrileño sigue siendo considerado como un elemento que necesita vigilancia. Es más, desde el entorno del presidente, se advierte que Gallardón ha tenido muchas oportunidades y muchos gestos de comprensión, pero que él no parece dispuesto a corresponder.
Con todo esto, y aunque parezca mentira, el nombre de Gallardón se maneja en algunos circulos populares como posible ministro en la próxima crisis de Gobierno. ¿Sueños o visiones?, quizá un poco de todo. Pero los que no descartan esa posibilidad ven en el nombramiento una interesante jugada de Aznar para neutralizar las veleidades del presidente madrileño. Dicen que si Gallardón entra en el Gobierno central, tendrá que tragar con la disciplina. Desde luego, al protagonista de la historia no le disgutaría dar el salto a la política nacional, con coche oficial incluido, puesto que piensa que ya ha llegado a su techo en la política regional. La realidad es que Ruiz Gallardón no ha querido desvelar su futuro por el momento, ya que, desde luego, espera alguna "sorpresa" antes de tener que confirmar de nuevo su candidatura a las próximas elecciones autonómicas.
En fin, con este panorama, lo que no se entiende son las últimas declaraciones del presidente madrileño. Declaraciones en una materia tan sensible como la seguridad ciudadana y la inmigración, y sobre la que los socialistas están articulando gran parte de su oposición. Gallardón cuenta en el PP. Todos valoran su categoría y, sobre todo, su gestión en la Comunidad de Madrid. Pero nadie entiende a lo que está jugando. Sus ansias de llegar arriba antes de lo previsto pueden malograr muchas expectativas y, en último término, llevarle definitivamente al "rincón de los castigados". Ya veremos si reacciona.

¿A qué juega Gallardón?
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