Ya no valen las ordenes. Hay demasiados nervios y demasiada ansiedad como para intentar controlar un partido que está cómodamente asentado en el poder, con muchos intereses y, sobre todo, con muchos futuros personales en juego. Hay que reconocer que los afectados han tardado mucho tiempo en saltar, han aguantado callados y disciplinados con una paciencia infinita. Se pongan como se pongan, el Partido Popular ha entrado ya en una larga y decisiva etapa. En los próximos meses todo se centrará en las nominaciones de candidatos, en los congresos provinciales y regionales, en las elecciones municipales y autonómicas, en la sucesión de Aznar y en una posible crisis de Gobierno. Muchos frentes abiertos, demasiadas incógnitas como para pretender que todo el mundo esté "quieto y parao" en sus puestos, abandonados a la voluntad del "Jefe".
Desde el Partido Popular y desde el Gobierno se hace imprescindible que se despejen el mayor número de incógnitas lo antes posible. No hacerlo es ponerse voluntariamente al borde de la polémica con un riesgo innecesario. Ahora ya no se puede jugar a la sorpresa y al "cuaderno azul". No sirve la improvisación bajo un claro riesgo de una rebelión a bordo. Es urgente que el propio presidente Aznar muestre con gestos y decisiones que en el futuro se va a contar con todos y que ninguno de los que han trabajado disciplinadamente durante años se va a quedar descolgado.
Si alguien tenía alguna duda, las nuevas declaraciones de Francisco Álvarez Cascos nos confirman todo lo dicho. El Ministro de Fomento no incorpora nuevos matices a la polémica, pero, desde luego, no ofrece el más mínimo margen para la rectificación. Cascos insiste que no ha provocado ninguna polémica, mantiene sus ideas sobre listas, encuestas y candidatos y recuerda a todos que él no ha utilizado el concepto de "familia". Lo dicho por Cascos nos muestra que todo está donde estaba. Y que el problema no es una polémica pasajera, sino una situación de fondo que late con más o menos fuerza, según el momento. Muchos en el PP piensan como el antiguo secretario general, otros tienen opiniones distintas, pero también en desacuerdo con la dirección del partido. Todos, a excepción de Cascos, prefieren, por el momento, el silencio. Pero todo indica que las advertencias de Aznar ya sirven para poco. Se hacen necesarias decisiones que eviten que todo el partido esté en vilo ante su futuro. Cascos no está solo, aunque lo pueda parecer. Sin que haya "casquistas", está sobradamente acompañado.

¿Solo o acompañado?
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