En estos meses de tanta zozobra en el Partido Popular –a la espera de la elección del candidato para la sucesión de José María Aznar– en el Partido Socialista parece que lo tienen claro. Al menos, así lo manifiesta el secretario general de los socialistas. José Luis Rodríguez Zapatero dice que él prefiere a Mariano Rajoy como adversario en las elecciones generales de 2004. Las razones que esgrime para esta elección son varias. Dice que tiene buena sintonía personal con Rajoy, añadiendo que le parece una persona razonable y equilibrada. Unas manifestaciones que, sinceramente, no sabemos si son fruto de la pura ingenuidad política o es una jugada que busca la descalificación del vicepresidente del Gobierno. Quizá al final es todo más fácil, y resulta que Zapatero tiene asimilada la derrota en el 2004 y por lo tanto prefiere tener en el Palacio de La Moncloa a un presidente con el carácter de Mariano Rajoy. De todas formas, no deja de ser llamativa la ligereza con que el líder socialista elimina de la carrera sucesoria al resto de candidatos con el peso específico de Rato, Mayor, Zaplana o Acebes.
Por cierto, puestos a contar, sepan que Rodríguez Zapatero no tiene pudor alguno a la hora de ir explicando que ha recibido desde el entorno "monclovita" un mensaje de tranquilidad: en el Partido Popular le han aceptado ya como el relevo natural en la presidencia del Gobierno, aunque ese relevo los populares prefieren que ocurra en el 2008.
En fin, mientras que Zapatero hace pública su elección personal para el sucesor de Aznar, es incapaz de explicar convenientemente el giro del PSOE hacia el "azul cielo" como nuevo color "corporativo" de un partido históricamente de izquierdas. Un cambio, una transición, una transformación sobre la que nadie ha ofrecido razones convincentes. El PSOE deja el "rojo" y se traslada al "azul", un color que tradicionalmente se ha identificado con la derecha en toda Europa. Un "azul" que nada tiene que ver con el "teórico" giro a la izquierda que el propio Zapatero ha predicado en mítines y en actos públicos. Un cambio que sinceramente no está siendo muy bien aceptado por las bases socialistas históricamente familiarizadas con el "rojo" de siempre.
Y en esas estábamos, entre tanto " azul cielo" y tanta política de "llevarnos bien", cuando irrumpen en escena las fallidas fotografías electorales de Trinidad Jiménez con una marcada imagen de "niña pija" de la calle Serrano de Madrid, una imagen algo más que rupturista y que ha sido recibida con estupor por la maquinaria socialista. Se puede aceptar que Zapatero diga que prefiere a Rajoy como presidente del Gobierno porque se lleva bien con él. Se puede permitir que el PSOE abandone su "rojo" de siempre por motivos estratégicos. Pero ya no están dispuestos a digerir que la imagen del PSOE se identifique con la pijería y la sofisticación. Demasiados cambios, demasiadas blanduras para un Partido, dicen, que quiere ganar unas elecciones generales, pero que no hace público un verdadero Programa de Gobierno. Y es que muchos se preguntan: ¿Qué prefiere Zapatero: llevarse bien con el inquilino de La Moncloa o ser presidente del Gobierno? El tiempo nos lo contará.

Zapatero prefiere a Rajoy
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