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El responsable apoyo del PSOE a la política del Gobierno en la lucha contra el terrorismo tiene un aire peneuvista, de ambigüedad calculada. Es un apoyo de lunes a viernes, muy matizado los fines de semana. Siendo la política que, sin duda, le está dando más réditos, cuando los socialistas creen que han ido demasiado lejos caen bajo la tentación de la equidistancia. Un apoyo con tanto matiz, no es un apoyo, es otra cosa.

Tanto Zapatero como Patxi López han vuelto a las andadas. Bajo la falsa capa de moderación, abren la vía a que un acceso del PSOE al poder conllevaría una modificación sustancial de la actual política, bajo el eufemismo de abrir una nueva etapa en las relaciones con el Gobierno vasco. Cuando éste está en la inusitada actitud de pasarse por el arco del triunfo el auto de Garzón –pues los mismos partidos gobiernan que controlan la Mesa del Parlamento vasco, más Batasuna– tender la mano es alentar al PNV a que siga en sus trece, y aún se radicalice (Ibarretxe ya ha dicho que habrá nuevos pulsos al Estado), generando una expectativa futura de cesión.

Esto es un pacto de Estado a tiempo parcial. Una postura, en términos políticos, adolescente, según la cual se es responsable una semana, para deshacer, como Penelopé, lo hilado la siguiente.

Ahora está tocando de nuevo la irresponsabilidad. Pactos, acuerdos, medidas e ilegalizaciones no obtienen, de esta manera, toda su eficacia, por esa extraña propensión a llamar moderación a la pusilanimidad y al oportunismo.

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