Menú

Por motivos profesionales he tenido que abrir una investigación sobre el mal llamado “caso del lino”, cuestión que nunca me había merecido un especial interés, y sobre la que había llegado a establecer el mismo criterio que la generalidad de la opinión pública: una trama de cazaprimas se había lucrado haciendo mal uso de las subvenciones europeas.

Sin embargo, el estudio de la realidad, con los documentos, con el sumario abierto en el Juzgado número 5 de Baltasar Garzón, con la “chapuza” de informe del fiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo me ha llevado a la certeza moral –y a demostrar desde la revista “Época”- de que se trata de la más existosa campaña de propaganda que recuerdo, sin fundamento alguno. O sin fundamento, tal y como se entiende en un Estado de Derecho. Sería prolijo detallar los detalles para sostener tal aserto, que han sido publicados en la citada revista con los documentos base, pero quizás bastara con decir que, en el colmo de la desfachatez, la propia Junta de Castilla-La Mancha, en sus documentos internos, se informa a sí misma de que no ha hecho ningún control, por lo que no está en condiciones de decir si ha habido fraude o no ha habido fraude, en lo que su jefe calificó de “fraude generalizado”.

El mal llamado caso del lino fue lanzado por la cadena Ser con Loyola de Palacio como objetivo. No es difícil especular con que un José Bono dispuesto a dar el salto a la política nacional se plegó a hacer todo lo posible por dar cobertura a la histérica denuncia mediática. Que un presidente autonómico denuncie a sus agricultores da mucho credibilidad, por lo inusual que es. Pero luego su Administración ha sido incapaz de sostener las acusaciones. Para tapar el error, o la mentira, se ha ido produciendo un efecto bola de nieve hasta generar un alud, que, por de pronto, significa una multa histórica de la UE de dieciséis mil millones de pesetas, con exigencia de devolución de “todas” las subvenciones.

Lo dicho por Bono fue luego corroborado por Carlos Jiménez Villarejo, pero con sus mismos errores y su misma inconsistencia. Sí puede hablarse de una trama política de abuso de poder que pasa por la Ser, Bono y Villarejo. Tampoco queda muy bien el PP en la historia porque, para salvar a Loyola de Palacio, ha sacrificado a personas inocentes, en nombre de un código ético que tiene también efectos perversos y que se ha convertido en un arma indirecta en manos del fiscal anticorrupción.

Todo esto quedaría muy bien, y habría que felicitar a sus autores, si no hubiera víctimas, personas arruinadas o en su economía o en su buena fama, o en ambas cosas, pasando años de calvario público y judicial, soportando el falso consenso de medios de diversas tendencias, que, sin investigar las cuestiones, sin ir al fondo, desarrollaron una auténtica cazas de brujas, sin discernir entre la corrupción auténtica y un invento como el del lino.

En España

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida