España puso en marcha hace años un complejo plan para controlar el Estrecho de Gibraltar con el objetivo nada secreto de impedir el tráfico ilegal de emigrantes, drogas y demás. El plan en cuestión costó varios –bastantes– millones de euros y los resultados parecen obviamente mejorables, dado que ese tráfico infame se mantiene e incluso aumentó en los últimos meses, como puede comprobarse por el número de embarcaciones detenidas, emigrantes fallecidos y “pateras” hundidas. Claro que si las autoridades marroquíes cumpliesen con su deber e impidieran “in situ” la salida de las embarcaciones y la actuación impune de las mafias, la cosa variaría.
Hace días, la OTAN se comprometió en sus planes de contingencia a desplegar en el Estrecho fuerzas y medios que pudieran neutralizar las amenazas de Al Qaeda contra los buques de guerra norteamericanos, ingleses o de otra nacionalidad que a diario navegan por aquellas aguas. Es de esperar que estos sistemas de detección y control de la Alianza sean más eficaces que los puestos en marcha por España, aunque obviamente estamos hablando de una amenaza difícil de contrarrestar porque se trata de embarcaciones de pequeña eslora, relativamente rápidas y difíciles de localizar a causa de las especiales características meteorológicas y marinas (corrientes en superficie y profundidad) del Estrecho.
España ha establecido tres niveles de control y detección de los que se responsabilizan la Guardia Civil, la Sociedad Estatal de Tráfico y Salvamento marítimo (Tarifa, Trafalgar y Ceuta) y el Ejército (mando de Artillería del Estrecho) en el llamado “Plan Santiago” que debería –repito debería– armonizarse con los planes de la Alianza Atlántica y obviamente los medios que despliega el Reino Unido desde Gibraltar. Blindar el Estrecho, convirtiéndolo en una zona de seguridad inexpugnable, debería ser para los tres países ribereños (España, Reino Unido y Marruecos) un objetivo prioritario, máxime cuando sus costas están directamente amenazadas por el hiperterrorismo islámico y los tráficos ilegales.
Se trata ahora de armonizar medios y voluntades. Algo, por cierto, nada fácil.

Blindar el Estrecho
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