¡Quién les ha visto y quién les ve! El desayuno político celebrado en Madrid con el actual presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, como invitado ha sido la confirmación evidente de lo que está ocurriendo en el Partido Popular. El ejercito de coches oficiales y blindados, que se han podido observar en el aparcamiento del hotel donde se ha celebrado este encuentro, es digno de análisis. El poder de convocatoria de Gallardón es bien diferente al de hace sólo unos meses, cuando Aznar y Gallardón vivían lejos en las posiciones y en las formas. "No venimos a ver al futuro Alcalde de Madrid, venimos a algo más: esto es una inversión de futuro", comentaban dos invitados de nombre insigne y de cargo importante. Gallardón está en su guerra y algunos dirigentes de su partido se empeñan en no querer enterarse. No es casualidad que el "alcaldable" madrileño haya tenido un nutrido y cuidado auditorio. Rato, Arenas o Botella tres apellidos que lo dicen todo.
Rato es el Gobierno y la sucesión, Arenas es el partido y la orden y, por último, Botella es el propio Aznar. Los tres frentes de los que Gallardón se había alejado, los tres frentes de los que Gallardón se había aislado y con los que parece haberse reconciliado. Es evidente que desde el verano las cosas han cambiado. Gallardón se ha acercado a Aznar aceptando la candidatura a la alcaldía de Madrid, de rebote se ha reconciliado con el partido y además se ha alineado con las raíces fundacionales del PP al realizar la oferta de integrar a Ana Botella a su candidatura. Lo de Gallardón ha sido el cambio de actitud y de estrategia más clamoroso de los últimos tiempos dentro del PP. Gallardón era consciente de que el camino que había emprendido no tenía fácil final, por lo que decidió volver al redil, refugiarse en los "cuarteles de invierno", lavar el pasado, recomponer la figura y salir con más fuerza pensando en el 2008 como objetivo prioritario, pero estando en guardia por si es necesario saltar antes al ruedo.
Gallardón, que esta dispuesto a ser el "Chirac" español, no descansa. Su modelo es el mismo que utilizó el actual presidente francés, que en su momento saltó desde la Alcaldía de París al Palacio de Matignon como primer ministro de Francia. En el PP, muchos de los que durante años han echado pestes de Gallardón, ven como inevitable que terminará siendo el candidato del PP a la Presidencia del Gobierno. Es más, le llaman ya el "reserva de lujo". Y prefieren ver el lado positivo de la situación, poniéndose una venda sobre las verdaderas intenciones del político madrileño. En las filas populares se han tapado los ojos, parecen olvidar y perdonar ante el miedo de perder el poder. Prefieren olvidar la actitud de Gallardón con la mayoría minoritaria del 96, su desmarque de la línea oficial del Gobierno, los años en los que Aznar y Gallardón se cruzaban un escueto saludo o la frialdad con que era recibido y tratado en la calle Génova.
Más de uno prefiere seguir en el poder, con Gallardón, aunque eso tenga sus riesgos. Se apuntan, sin escrúpulos, al fenómeno tan habitual de la "amnesia política". Alberto Ruiz Gallardón no esconde sus ambiciones, pero ha aprendido a esperar. Piensa que el tiempo le dejará como el único candidato posible del PP a La Moncloa y a esa carta está jugando. En el 2004 no dará guerra... luego será a matar. Y mientras tanto, en el PP, ante el interrogante del futuro, prefieren jugar al "bueno" de Gallardón. ¡Las cosas que hay que ver y las cosas que nos quedan por ver!

El "bueno" de Gallardón
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