Si los medios periodísticos, sus investigaciones y la rapidez con que transmiten la información están poniendo en jaque a las prácticas políticas tradicionales, y más allá de que los 1162 habitantes de Anieres, Suiza, hayan sido convocados a votar vía Internet en un referéndum, la tecnología informática promete cambiar nuestras ideas en lo que a gobierno se refiere.
El desarrollo en general y el tecnológico en particular se relaciona con la rapidez con que se transmiten los datos. “Boeing fue capaz de construir el avión 777 dos años antes, gracias a la integración vía redes informáticas... lo cortaron en pedazos, integraron equipos alrededor del mundo trabajando eficientemente. Y tuvieron un 20% o 30 % de aumento en la productividad”, asegura John Chambers.
Además de Internet, están la telefonía vía satélite, que no opera con redes ubicadas en territorios nacionales sino satelitales; la televisión interactiva, que permite la creación de empresas virtuales, desde bancos hasta vendedores de todo tipo, cuya base nacional no está clara o puede omitirse; y otros avances tecnológicos.
Mientras estas cosas ocurren, los políticos están desintonizados, discutiendo temas que parecen sacados de los diarios del siglo pasado, provocando creciente incredulidad entre en el público.
Aun cuando el Estado, por caso, es dueño de fortunas, poseyendo (entre tierras fiscales, edificios, empresas y demás) al menos 100 veces el capital de la empresa más grande del país, insiste en que no tiene dinero y propone aumentar las exacciones al sector privado. Durante años se le ha pedido al gobierno la drástica reducción de los impuestos porque se advierte que éstos provocan la pobreza marginal.
El Estado coercitivo es ineficiente porque su principio no es la rentabilidad en base a la eficiencia so pena de quebrar, como en cualquier empresa, sino que puede retirar coercitivamente, por vía impositiva o inflacionaria, todos los fondos que necesita. En consecuencia, estos recursos son malgastados, cuando la sociedad abierta podría utilizarlos para solucionar sus necesidades más urgentes.
Pero, además, aun cuando los impuestos coercitivos estén dirigidos hacia los más ricos, lo cierto es que éstos tienen mayor capacidad para trasladarlos hacia abajo. Un empresario puede aumentar los precios, bajar los salarios o dejar de invertir, absorbiendo menos mano de obra, así la carga impositiva más fuerte, termina cayendo siempre sobre los más pobres.
La tecnología está, como lo hicieron las ondas radiales con el Telón de Acero, tirando abajo las barreras que coercitivamente imponen los Estados. Y, así, refuerza la naturaleza humana, que queda violada, según ya lo decía la escolástica, por la violencia y la coerción. De esta forma está potenciando el poder democrático de la persona, que todos los días elige, vota, decide qué programas de televisión prefiere, qué supermercados o línea aérea le sirven mejor, y demás.
“Al respecto, Internet no es única: la televisión vía satélite, la telefonía internacional, las tarjetas de crédito, incluso las tarifas aéreas baratas, limitan la capacidad de los gobiernos de controlar a sus ciudadanos”, argumentaba un editorial del diario inglés Financial Times.
Sucede que el comercio electrónico dificulta la cobranza coercitiva de impuestos porque ¿cómo imponer tributos a una empresa virtual que sólo existe en forma de bits dentro de la red? Y, si pueden ubicarla, ¿a cuál Estado nacional debe tributar? Así, el pago de muchos impuestos deberá quedar librado a la voluntad del público, obligando a los Estados a ser eficientes, de modo que la gente prefriera sus servicios, como cuando elige servirse de cualquier empresa. El CIT de Gran Bretaña asegura que el Estado de su país podría perder miles de millones de dólares en impuestos sobre el comercio electrónico.
Los Estados intentarán coartar las libertades, el derecho humano de decidir libremente, censurando las redes. Afortunadamente, la naturaleza humana, a través de la tecnología, inevitablemente superará la ineficiencia burocrática propia de estas instituciones que, en la medida en que se basen en la coerción como método para organizar a la sociedad, son contrarias al desarrollo natural de las cosas, al orden natural.
Alejandro A. Tagliavini es miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).
© AIPE

¿La bitdemocracia?

En Tecnociencia
0
comentarios
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj Durcal