Inmersos ya en la recta final de la sucesión, los candidatos "oficiales" han pasado este lunes un nuevo examen en Madrid ante el poder real del PP. Rato, Rajoy y Mayor Oreja han vuelto a presentarse ante el poder territorial del Partido Popular, que tanto se juega el próximo 25 de mayo en las elecciones municipales y autonómicas. Los tres candidatos y el secretario general del PP tenían este lunes una papeleta complicada. Después de la Junta Directiva Nacional, de la votación secreta en el Congreso y del último enfrentamiento parlamentario entre Aznar y Zapatero debían confirmar los mensajes de tranquilidad y las peticiones de cohesión. Esos mensajes y esas peticiones se han escuchado, pero ninguno de los cuatro han sabido transmitir vibración. De esta Conferencia regional y provincial, sus dirigentes han salido algo preocupados. No han encontrado en buena forma a los aspirantes a la sucesión, es más los tres "señalados" han exteriorizado demasiado agotamiento político y poca ilusión.
Rodrigo Rato tenía preparada una intervención claramente "presidencialista". Hablando de todo y para todos. Se ha mostrado seguro por los logros del Gobierno. Pero, ante el asombro general, no ha realizado la más mínima referencia a la crisis de Irak, ni a sus repercusiones electorales, ni a la necesidad de apoyar al Gobierno en este complicado conflicto. Ha ignorado la cuestión, como sí no fuera con él. Una actitud que ha extrañado, más si cabe, después de su encendido apoyo al presidente Aznar en la última Junta Directiva del partido. Rato ha ofrecido un claro distanciamiento de los grandes problemas de su propio Gobierno. ¡Mala cosa!
Por su parte, Mariano Rajoy no ha tenido su día. Gris y opaco ha repasado cansinamente la gestión del Ejecutivo en la actual legislatura, insistiendo que la crisis del Prestige o el conflicto de Irak no importa tanto como dicen a los ciudadanos españoles. En fin, es cierto que el Gobierno de Aznar ha realizado en esta legislatura una brillante gestión en muchas de sus promesa electorales, pero decir que estas dos cuestiones de actualidad no interesan a los ciudadanos es como vivir ciertamente fuera de la realidad. Y es que el mensaje final que ha ofrecido Rajoy a los suyos ha sido una mezcla de pasotismo con aislamiento. Una receta poco eficaz en vísperas electorales.
Jaime Mayor Oreja, el más entonado, ha expuesto en su intervención una idea central: "la guerra no puede enmascarar que la izquierda tiene abierta la puerta para pactar con el nacionalismo. A más movilización de la izquierda, más nacionalismo". Mayor Oreja ha sido el mejor de los tres, pero ciertamente sigue echando en falta un buen trampolín, un buen escaparate en la política nacional para ofrecer una imagen de gobernante que domina y controla todos los terrenos y todos los territorios. En todo caso, lo dicho, ha sido el mejor. Mayor Oreja ha sido el que mejor se ha movido ofreciendo mensajes contundentes, con una clara idea sobre la articulación de España.
Mayor Oreja ha sido el que más seguridad ha ofrecido a los dirigentes del PP. Esta vez esta Conferencia, que pretendía ser la continuación de la celebrada en Trujillo el pasado otoño, ha defraudado. Mensajes conocidos, inhibiciones clamorosas o poco pulso político. Los aspirantes han ofrecido una imagen poco animante para los propios dirigentes populares. Parece como si esta larga espera, antes de la decisión final, esté provocando un cierto cansancio político. Parece que empiezan a estar con los motores agarrotados. La sucesión aparece gripada en el horizonte inmediato. De todas formas, de los tres el mejor, por el momento, ha sido Jaime Mayor Oreja.

La sucesión está gripada
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