El dos veces presidente del Uruguay, Julio María Sanguinetti, autor entre otros de un reciente libro sobre el pintor Pedro Figari (lo comenté aquí hace dos semanas), fue invitado a integrar el jurado del “Premio Onetti” que, en forma conjunta pensaban realizar, aquí, y por segunda vez, la Embajada de España y Alfaguara. Sanguinetti aceptó porque era amigo personal de Onetti (ganador del Cervantes): ambos escribían n la misma época en el desaparecido diario Acción (propiedad de Batlle, de orientación colorada) hace ya muchos años. Baste recordar que Onetti había dedicado su novela El astillero al presidente uruguayo Luis Batlle, el padre del actual primer mandatario de nuestro país.
Pues bien, tres escritores y un crítico se negaron a integrar el jurado con ex presidente Sanguinetti. Los organizadores del evento decidieron romper la baraja, y no habrá concurso. De inmediato, un grupo de escritores expresó en una carta su solidaridad a los renunciantes (Galeano y Benedetti entre ellos, naturalmente). Como en los viejos tiempos. El argumento de ello es que, cuando ejercía por segunda vez la presidencia del Uruguay, Sanguinetti bifurcó los caminos para encontrar a la nieta del poeta argentino Juan Gelman, desaparecida en la Argentina, al nacer, en tiempos de la dictadura. Diecisiete años después del aberrante episodio, y cuando hacía casi quince años que había retornado la democracia en Uruguay, el poeta Gelman (de tendencia izquierdista) comenzó a remitir una serie de cartas al mandatario uruguayo, las que coincidían notoriamente con las cercanas elecciones presidenciales de año 2000. La izquierda uruguaya pensó que triunfaba, pero luego ganó Jorge Batlle, quien, a pocos días de asumir, en su propio despacho, hizo que se encontraran Juan Gelman y su nieta. El poeta argentino se fue (emocionado, dijo) sin hacer declaraciones y, que se sepa, no ha vuelto más al Uruguay a visitar a su joven nieta
Sanguinetti ha definido a los escritores que lo censuran como nostálgicos del estalinismo, acusándolos de usar métodos fascistas y, de paso, recuerda que fue censurado por los militares en la dictadura uruguaya; y dice (apuntando a varios firmantes, notorios adictos a Castro) que él nunca ha defendido dictaduras, ni de izquierda ni de derecha. En su primera presidencia, Sanguinetti visitó a Onetti en España, le entregó un premio y le invitó a retornar al Uruguay. Onetti murió en Madrid. Estas cosas suceden, hoy, en mi aldea.
En la Argentina comenzó la cuenta regresiva para las elecciones presidenciales del 27 de abril. Los tres candidatos justicialistas (Menem, Kirchner y Rodríguez Sáa) corren con chances parejas para llegar al ballotage, en tanto Ricardo López Murphy está pisándoles los talones. Elisa Carrió, estiman, tiene menos chance. La guerra de Irak ha desviado la atención de los argentinos, que no han terminado de entrar en la campaña electoral. Por ello, las encuestadoras exhiben llamativas incertidumbres. Todo resulta muy entreverado. Algunos consideran que Menem (esto es casi seguro) pasará a la segunda vuelta, junto con otro peronista, aunque en esto no coinciden con cuál de ellos será. Se están inclinando, ahora, por Rodríguez Sáa. Sin embargo, el segundo en esa instancia podría ser López Murphy, que muestra permanente ascenso. Casi todos coinciden en señalar el estancamiento de Elisa Carrió. Y en cuanto a Kirchner, los encuestadores van de un extremo al otro del abanico: desde vaticinar su triunfo en la primera vuelta a decir que no entrará en ella.
Veremos qué sucede, porque también se considera que la gente que no milita en partido alguno, los que “no saben/no contestan”, serán claves en esta elección donde se descuenta que será muy elevado el porcentaje de votos en blanco.
Entre censuras e incertidumbres
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