Menú

Puigdemont, los rusos y la cabeza de Esteban

Es relevante lo poco que ha durado la tregua del independentismo con el Gobierno a raíz de los indultos a los golpistas.

Es relevante lo poco que ha durado la tregua del independentismo con el Gobierno a raíz de los indultos a los golpistas.
La directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban, en el Congreso de los Diputados. | EFE

Conviene recordar que los independentistas se creen con derecho a todo y que son intocables. Así se entiende mejor el lloriqueo por las intervenciones con orden judicial de algunos teléfonos móviles de sus líderes. Los mismos tipos que se reunían con emisarios de Putin y mafiosos rusos y se jactaron de tener los datos fiscales de todos los catalanes para garantizar la Hacienda de la república catalana son los que ponen el grito en el cielo por una supuesta operación masiva de espionaje que es tan falsa como la propaganda rusa o más.

Tienen antecedentes para parar un tren. Son aquellos que mandan comisarios políticos voluntarios a espiar en qué idioma hablan los niños en los patios de los colegios, los que ordenaron a un grupo de los Mossos seguir y controlar a políticos, periodistas y personas contrarias al intento golpista y los que fantaseaban con que el Mosad adiestrara a los agentes de la Generalidad englobados en una agencia llamada Cesicat.

Creer lo que dicen los separatistas sin asomo de duda es de una ingenuidad mayúscula, de las que perpetra el ministro Bolaños a sabiendas o porque es el Pierre Nodoyuna de Patán Sánchez. Uno de los principales instigadores del supuesto Catalangate, Elies Campo, jamás ha trabajado en Telegram y ha mentido en el currículo que presentó en la Universidad de Toronto, de la que depende el Citizen Lab que esgrime el independentismo como elemento de autoridad absoluta en su denuncia.

Mientras tanto, continúan las revelaciones sobre las peligrosas amistades rusas del prófugo Puigdemont. La última es que se reunió con dos emisarios de Putin un día antes de que los grupos separatistas aprobaran en el Parlamento catalán la declaración de independencia. Además, hay constancia documental de la presencia de un peligroso espía ruso en los días más convulsos de Cataluña, un tipo vinculado al intento de asesinato de un disidente ruso y su hija en Londres. A mayor abundamiento, los contactos con el Kremlin continuaron después de la intentona golpista, al tiempo que Puigdemont dispensaba un trato preferente a medios como Russia Today.

Nadie parece interesado en pedir explicaciones a Puigdemont, salvo en el Parlamento Europeo, donde una comisión de investigación aborda las injerencias rusas en las democracias europeas en tres escenarios: el Brexit, las presidenciales francesas de hace cinco años y el proceso separatista en Cataluña. Es obvio que todo aquello que pudiera afectar a la estabilidad de Europa era del interés de Putin, y Cataluña era en 2017 una pieza crítica en el seno de la Unión Europea. Otra cosa muy diferente es que los principales dirigentes separatistas estuvieran rodeados por tipos que proponían vender a China el puerto de Barcelona o que negociaban la intervención de diez mil soldados rusos en defensa de la república. El separatismo se caracteriza entre otras cosas por atraer a personajes muy peculiares, a veces inofensivos y otras no.

Es relevante lo poco que ha durado la tregua del independentismo con el Gobierno a raíz de los indultos a los golpistas, que apenas han cumplido tres años de cárcel en unas condiciones obscenas, hasta el punto de que los funcionarios llamaban a la cárcel "Gran Hotel Lledoners". Pero más relevante aún es que Pedro Sánchez sopese sacrificar a la directora del CNI, Paz Esteban, para garantizarse un cómodo tramo final de la legislatura. Fulminar a Esteban y ceder así a las presiones separatistas con la excusa de que su teléfono también ha sido intervenido no sería propio ni siquiera de un personaje político de tan dudosa reputación como la suya.

Temas

En España

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal