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Federico Jiménez Losantos

Quieren electrocutar a los Amantes de Teruel

El más perjudicado, si se consuma la masacre renovable, sería Orihuela del Tremedal, mi pueblo, al que piensan endilgar 19 molinillos.

El más perjudicado, si se consuma la masacre renovable, sería Orihuela del Tremedal, mi pueblo, al que piensan endilgar 19 molinillos.
Escultura de los Amantes de Teruel. | Flickr/CC/Antonio Marín Segovia

El grupo escultórico de Juan de Ávalos en la hermosa iglesia de San Pedro, que contiene los restos de Diego de Marcilla e Isabel de Segura, los famosos Amantes de Teruel, tiene un detalle sutil, para que cada cual interprete a su manera un hecho rigurosamente histórico, que inspiró el Romeo y Julieta de Shakespeare. Nosotros nos tuvimos que conformar con Hartzenbusch, pero, para uno que nos hace caso, tampoco hay que ponerse finústicos.

El detalle es que las manos tendidas, ya para la eternidad, de los dos amantes, no llegan a tocarse. Queda así en el aire la interpretación de si su amor se consumó una vez casada Isabel o quedó en infarto sucesivo ante el decoro que imponía el nuevo estado civil de la novia, que es lo más probable. Ávalos dejó, entre las manos que tienden a juntarse, un espacio muy leve, el necesario sólo para el tallo de una rosa, que los une y cierra la historia.

La corrupta izquierda aragonesista contra Aragón

Pues bien, el tallo de la rosa va camino de ser sustituido por un cable de Muy Alta Tensión, parte del monstruoso tinglado eólico de Forestalia y el gobierno de Aragón, coyunda del PSOE, el PAR, Podemos y la Chunta (el nacionalismo aragonés al servicio de Valencia y Cataluña, y la izquierda al servicio del capitalismo especulador) que ha facilitado a Fernando Samper, rubicundo mandamás de Forestalia, una fortuna y la capacidad de destruir para siempre los paisajes más hermosos -Albarracín, Maestrazgo, Matarraña- de una provincia "espaciosa y triste", como decía Fray Luis de España, y cuyo futuro depende precisamente de la supervivencia de esos paisajes. El más perjudicado, si se consuma la masacre renovable, sería Orihuela del Tremedal, mi pueblo, al que piensan endilgar 19 molinillos para que nunca vuelva a aparecerse la Virgen del Tremedal. Un sacrilegio que costará la vida política y la supervivencia financiera a los culpables. Quedan advertidos.

Los que me leen o escuchan saben del poco aprecio, si no desprecio profundo, que tengo por Guitarte, valenciano nacido en Cutanda y mandamenos de Teruel Existe, que vota a las órdenes de su mandamás Pedro Sánchez, con la ETA, los separatistas catalanes y vascos y los comunistas de Al Qaeda, que eso significa La Base, el púlpito que ha puesto Roures a Pablo Iglesias. Pero cuando me enteré de este crimen de lesa patria y lesa estética que es el monstruo de Forestalia, dije que, en la guerra, uno elige a sus enemigos, no a sus aliados, y que, si tenía que ir del brazo con Guitarte, lo haría.

Las revelaciones de Villamón

Pues bien, un paisano llamado Villamón, de Teruel Existe, único partido que se ha unido al PP de mi pueblo para convertirlo en el centro de la resistencia al invasor -como ya lo fue en la guerra de la Independencia-, ha publicado o facilitado que se publique en el Diario de Teruel una información minuciosísima que delata el cúmulo de atrocidades legales y ocultamientos ilegales de esta epopeya de sacamantecas. ¿Para qué tantos molinos, aparte de cobrar las subvenciones, si no se saca y se vende la electricidad que producirían? Pues bien, habría una línea de Muy Alta Tensión -nombre técnico- de 183 kilómetros, que iría desde Ojos Negros (Teruel) a La Eliana (Valencia) y que pasaría por la mismísima capital de una provincia que quieren convertir en la desolada central eléctrica de los Països Catalans, que en eso quedaría.

Los datos que da Villamón, revelados sin duda por alguien que aún tiene conciencia en esa empresa o en ese Gobierno socialista y nacionalista aragonés, cipayo simiesco del separatismo catalán, son tan precisos como estremecedores. Sólo la corrupción de alcaldes, diputados y ministros de Sánchez han permitido su soterramiento informativo y su desactivación política. El cableado discurriría con la sinuosidad de una culebra por el curso del Guadalaviar, el río de Albarracín que nace en mi pueblo y cuyo canal desde los Montes Universales aparece hace casi mil años en el Cantar de Mío Cid, donde se cita a "Celfa la del canal", la Cella actual, donde puede verse uno de los pozos de agua romanos más elegantes del mundo.

¿Dónde están los verdes? ¿Y los rojos? ¿Y la oposición?

Son muchos los lugares de valor no sólo ecológico sino estético, mucho más importante y duradero, que atravesaría la serpiente eléctrica de esta especie de Bruja Avería nacida en las zahurdas del Gobierno de Lambán. En este enlace de Libertad Digital está toda la información que Villamón ofrece, con nombres de lugares que a muchos les será imposible identificar y que a otros espantará. Pero el colmo de la desfachatez, perfectamente identificable, es que el cableado para surtir a Timo Puig, Oltra y sus maridos, y demás ralea catalanista de Valencia de energía barata pasaría por el Arquillo y el mismísimo centro de Teruel, a menos de cien metros de zonas habitadas. Puesto a regodearse en su despotismo, que me temo es uno de los rasgos de su carácter, no me extrañaría que Fernando Samper, con su aire de extra de Vikingos, hiciera pasar el cable entre las manos de mármol de Diego e Isabel, electrocutándolos para siempre. "Mientras sea legal, lo haré", me espetó en los Premios del Heraldo. Y Lambán, Aliaga, los chunteros y podemitas son perfectamente capaces de legalizarlo.

¿Dónde están los ecolojetas ante este atropello? ¿Dónde los ecologistas ante esta atrocidad? ¿Dónde los verdes y sus pajaritos? ¿Dónde los rojos anticapitalistas y sus impuestos a la especulación? ¿Dónde la ministra Teresa Ribera? ¿Dónde los once mil asesores vírgenes de la estrella del Ala Este de la Moncloa? ¿Y dónde está la oposición? Porque lo que buscan Lambán y Samper es que pase rápido el plazo de alegaciones, aunque sólo Orihuela ha presentado más de tres mil, y presentar como irreversible lo que es y será siempre revocable y acabará siendo definitivamente triturable. Al tiempo.

Más pinos y menos molinos

Antes, cuando no se hablaba del clima, algo en lo que el humano no pinta nada, como he mostrado en los siete breves ensayos de este verano, sino del medio ambiente, del que vivíamos donde nací, había un Día del Árbol, en el que cada niño plantaba su arbolito, con su nombre y todo. Y si no llegaba a arraigar y crecer, lo haría el de su vecino, porque un monte bien explotado no se acaba nunca, y tala y replante van de la mano, con la limpieza del monte bajo y de los cortafuegos al acabar el verano.

Si la barbarie renovable y renovada llegase a triunfar y Teruel se conviertiera en solar esclavo del catalanismo de Valencia o Barcelona, que tanto da, los futuros actos del Día del Árbol serán dos: plantar un pino albar como los de la Recta del Puerto de Orihuela y Bronchales, rectos, sencillos, con su resina olorosa al ventalle del monte, mientras suena a lo lejos algún honrado pájaro carpintero, y derribar un molinillo, hasta que no quede ninguno. Más pinos y menos molinos.

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